20 de agosto de 2026

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Tres terremotos de magnitud superior a siete sacuden Latinoamérica en menos de dos meses

Tres terremotos de magnitud superior a siete sacuden Latinoamerica en menos de dos meses
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En menos de dos meses, tres fuertes terremotos de magnitud superior a 7 han sacudido distintos puntos de Latinoamérica, dejando víctimas, daños materiales y una nueva pregunta sobre la actividad sísmica en la región: ¿se trata de una coincidencia o existe algún vínculo entre estos fenómenos?

La secuencia comenzó el 24 de junio en Venezuela, donde se registró un doblete sísmico de magnitudes 7.2 y 7.5, con apenas 39 segundos de diferencia. Los movimientos provocaron daños y fueron sentidos en distintas zonas del país y el Caribe.

Semanas después, el 10 de agosto, Colombia recibió uno de los golpes sísmicos más fuertes de su historia reciente. Un terremoto de magnitud 7.4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, afectó amplias zonas del occidente del país, incluyendo Cali, Pereira y Manizales.

El balance divulgado por las autoridades diez días después daba cuenta de 314 fallecidos, 4,437 heridos y 262 desaparecidos, además de decenas de miles de viviendas destruidas o afectadas.

Y este 20 de agosto, un nuevo terremoto de gran magnitud se produjo en Perú. El Instituto Geofísico del Perú reportó inicialmente un movimiento de 7.2, con epicentro a 35 kilómetros al norte de Coracora, en la región de Ayacucho, y una profundidad de 108 kilómetros.

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El USGS lo situó posteriormente en 6.7, con una profundidad de unos 66 kilómetros. Hasta el momento no se han reportado víctimas ni daños graves, aunque se han informado desprendimientos de rocas y afectaciones menores que continúan bajo evaluación.

La sucesión de estos eventos ha llamado especialmente la atención por la cercanía temporal entre algunos de ellos y por tratarse de terremotos de magnitud igual o superior a 7. Sin embargo, la coincidencia de varios grandes sismos en un período corto no significa automáticamente que todos estén conectados entre sí.

De hecho, los terremotos ocurridos en Venezuela, Colombia y Perú se producen en un escenario geológico caracterizado por la interacción de distintas placas tectónicas y una elevada actividad sísmica, particularmente en el borde occidental de Sudamérica.

¿Estamos ante una ola de grandes terremotos?

La pregunta ya había sido planteada por N Digital días después del terremoto de Colombia, cuando consultó al geólogo Osiris de León sobre la sucesión de grandes movimientos telúricos registrados en distintas partes del mundo.

El especialista explicó que las placas tectónicas están en movimiento permanente y acumulan energía que, cuando las condiciones geológicas lo permiten, se libera súbitamente mediante terremotos.

De León hizo una precisión importante: que varios terremotos de gran magnitud ocurran en un período relativamente corto no significa necesariamente que el planeta esté experimentando una cantidad extraordinaria de terremotos. En su análisis, lo que ocurre es que coinciden temporalmente varios eventos de gran magnitud.

En el caso de Venezuela y Colombia, el geólogo señaló que puede existir una relación geológica indirecta debido a la compleja dinámica tectónica de la región norandina, pero descartó que pueda establecerse un vínculo causal directo entre esos terremotos y eventos ocurridos en otras regiones del planeta.

La explicación adquiere relevancia nuevamente con el terremoto registrado este jueves en Perú. El nuevo movimiento vuelve a colocar a Sudamérica en el centro de la conversación sobre la actividad sísmica, aunque no permite por sí solo concluir que exista una cadena de terremotos provocada por un mismo fenómeno.

Para De León, más que intentar encontrar una conexión entre cada terremoto, estos acontecimientos deberían servir como una advertencia sobre la necesidad de mejorar la preparación de las sociedades frente a grandes movimientos telúricos.

La magnitud de un terremoto tampoco determina por sí sola el nivel de destrucción. La profundidad, la distancia respecto de las zonas pobladas, las características del suelo, la calidad de las edificaciones y el cumplimiento de las normas de construcción son factores que pueden marcar la diferencia entre un fuerte movimiento y una tragedia de grandes proporciones.

En ese sentido, la sucesión de terremotos registrados en Venezuela, Colombia y ahora Perú deja una conclusión menos espectacular, pero mucho más importante: los grandes terremotos no pueden predecirse con precisión, pero sus consecuencias sí pueden reducirse mediante mejores construcciones, planificación, educación sísmica y preparación de las comunidades.

El movimiento de las placas continuará. Lo que sí está al alcance de los países es reducir la vulnerabilidad de sus ciudades ante el próximo gran terremoto.