Detrás de una separación suele existir un proceso de desgaste que puede prolongarse durante meses o años, alimentado por problemas de confianza, falta de transparencia, desconsideraciones, traiciones o una creciente desconexión emocional. Las crisis de pareja rara vez aparecen de un día para otro.
Así lo explicaron a este diario Digital la psicóloga Heidy Camilo y la terapeuta de pareja y sexóloga Dra. Ana Simó, quienes analizaron las principales señales que pueden revelar que una relación atraviesa una crisis y los riesgos de convertir los conflictos privados en un espectáculo público a través de las redes sociales.
Para Camilo, una de las señales más claras de que una relación está entrando en crisis es precisamente la desconexión emocional.
La especialista explicó que uno o ambos miembros pueden comenzar a experimentar lejanía, desinterés y una sensación de estar junto a la otra persona únicamente por compromiso, dejando de percibir la relación como un espacio de seguridad emocional, bienestar o disfrute compartido.
“Una de las señales más inequívocas que se da cuando una relación de pareja está en crisis es la desconexión emocional”, señaló.
Según explicó, esta distancia puede llevar a que las personas busquen cada vez más actividades y espacios fuera de la relación, no necesariamente porque exista otra persona, sino como una forma de evitar momentos de intimidad emocional con la pareja.
Incluso puede mantenerse una vida sexual, pero de manera esporádica y desconectada del vínculo afectivo.
Las crisis se construyen con el tiempo
Para Ana Simó, las crisis profundas también suelen ser el resultado de situaciones que se acumulan durante un período prolongado.
La terapeuta señaló que entre los factores que pueden deteriorar progresivamente una relación se encuentran la falta de confianza, la poca transparencia, las desconsideraciones, los abusos y las traiciones.
En muchos casos, explicó, las parejas permanecen durante largo tiempo intentando soportar o justificar situaciones que generan malestar. El quiebre definitivo puede llegar entonces a partir de un detonante que, visto desde fuera, podría parecer pequeño.
“Aguantamos por mucho tiempo la crisis, aguantamos el malestar, justificamos, dejamos pasar, en cierta forma anestesiamos, hasta que ocurre un evento que (…) es el disparador para que entonces se quiebre totalmente”, explicó Simó.
Esto significa que el hecho que desencadena una separación no necesariamente representa el origen del problema, sino que puede ser el punto final de una acumulación de conflictos.
¿Qué ocurre cuando la crisis llega a las redes?
Uno de los fenómenos que ha adquirido mayor visibilidad en los conflictos sentimentales es la exposición pública de problemas que anteriormente permanecían dentro del ámbito privado.
Simó considera que muchas veces las personas recurren a las redes sociales en busca de aprobación, respaldo o reconocimiento de que tienen la razón, aunque también puede existir la intención de perjudicar la imagen de la otra persona.
“Muchas veces el exponerlo a las redes sociales es más que todo buscando aprobación, buscando que nos den la razón”, sostuvo.
La especialista agregó que algunas personas utilizan estas plataformas para intentar afectar la dignidad de su pareja o para colocarse en el papel de víctima.
Camilo, por su parte, considera que mientras más pueda mantenerse la relación de pareja dentro de un ámbito privado, mayores posibilidades existen de manejar los conflictos sin incorporar presiones externas.
La psicóloga aclaró que no se refiere a mantener las situaciones en secreto, sino a proteger la intimidad de la pareja y evitar que los problemas terminen convirtiéndose en contenido público.
La familia también puede influir
El entorno familiar y social puede convertirse en un elemento de apoyo o, por el contrario, aumentar la tensión durante una crisis.
Camilo explicó que existen familias capaces de acompañar a sus integrantes con tranquilidad y resiliencia durante una dificultad, pero también personas cercanas que pueden alimentar los enfrentamientos mediante opiniones, presiones o tomando partido.
La especialista advirtió que las decisiones sobre continuar o terminar una relación corresponden a quienes forman parte de ella y no deberían quedar determinadas por familiares, rumores, opiniones públicas o presiones externas.
“Su vida es de ellos, no del entorno, no de la familia, no de los hijos, no del rumor público”, sostuvo.
Los hijos no deben convertirse en parte del conflicto
Ambas especialistas coinciden en uno de los puntos más sensibles: los hijos deben quedar al margen de los conflictos de pareja.
Camilo explicó que casarse, separarse o divorciarse son decisiones de los adultos y que los hijos no deben ser utilizados como intermediarios, mensajeros o instrumentos dentro de una disputa. “Los hijos no son ni chivos emisarios ni chivos expiatorios”, afirmó.
La especialista sostuvo que los conflictos deben manejarse directamente entre la pareja o, cuando sea necesario, mediante abogados, sin convertir a los hijos en participantes de una confrontación que corresponde exclusivamente a los adultos.
Simó coincide en que los padres deben cuidar especialmente lo que hablan delante de sus hijos y evitar exponerlos a publicaciones, acusaciones o discusiones relacionadas con la separación.
La terapeuta recordó que los niños y adolescentes pueden interpretar de manera diferente lo que observan en los adultos y que una exposición permanente al conflicto puede afectar su bienestar emocional.
El divorcio no necesariamente es lo que genera el trauma
Camilo hizo una distinción importante respecto a las separaciones: el divorcio en sí mismo no necesariamente es lo que provoca el mayor impacto emocional en los hijos, sino la manera en que los adultos manejan el proceso.
“El divorcio no genera trauma, lo que genera trauma es cómo los adultos manejan el divorcio”, afirmó.
Cuando los padres convierten a los hijos y a otras personas del entorno en piezas de una disputa, agregó, el proceso puede resultar mucho más perjudicial para ellos.
Simó también llamó a mantener la separación en un ámbito privado y explicó que, aunque una pareja puede superar el conflicto pocos meses después de terminar la relación, para los hijos las consecuencias pueden permanecer durante mucho más tiempo.
“Las parejas se divorcian, las parejas se separan y a los par de meses ya la situación está superada, pero para los hijos no”, advirtió.
No todas las crisis significan el final
Camilo también llamó a diferenciar los tipos de crisis que puede atravesar una pareja. No es lo mismo, explicó, una crisis producto de la desconexión emocional que una originada por una infidelidad, donde pueden aparecer sentimientos de traición, dolor, duelo y pérdida de confianza.
Sin embargo, incluso después de una infidelidad puede existir el deseo de ambas partes de continuar con la relación.
Por eso, consideró necesario evaluar cada situación de manera particular y evitar conclusiones generales sobre la posibilidad de salvar o terminar una relación.
La especialista también hizo una precisión ética respecto a los conflictos de parejas que se convierten en casos públicos: no es apropiado diagnosticar ni emitir conclusiones sobre una relación sin haber realizado una evaluación profesional.
En ese sentido, explicó que los terapeutas deben preservar la confidencialidad cuando se trata de pacientes y actuar con cautela incluso cuando las personas involucradas no sean sus pacientes.
Las especialistas coinciden así en que las crisis de pareja suelen tener una historia previa: la distancia emocional, los conflictos no resueltos y el desgaste acumulado pueden preparar el terreno para una ruptura, mientras que la exposición pública, las presiones externas y la incorporación de los hijos pueden hacer todavía más complejo un proceso que ya resulta difícil para todos los involucrados.