Dos terremotos de gran magnitud sacudieron el norte de Sudamérica con apenas seis semanas de diferencia, lo que generó interrogantes sobre una posible relación entre ambos eventos. Sin embargo, especialistas explican que los movimientos registrados en Venezuela y Colombia tuvieron orígenes tectónicos diferentes.
El 24 de junio, Venezuela fue afectada por dos terremotos consecutivos de magnitudes 7.2 y 7.5, que golpearon principalmente el norte del país y dejaron más de 6,300 muertos. Posteriormente, el 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7.4 sacudió Colombia, con epicentro cerca de San José del Palmar, en el departamento de Chocó, y dejó al menos 181 fallecidos, además de daños en distintas zonas.
Aunque ambos eventos ocurrieron con pocas semanas de diferencia y en países relativamente cercanos, los especialistas señalan que no fueron provocados por la misma falla ni por el mismo proceso geológico. La explicación está en la compleja interacción de las placas tectónicas que convergen en el norte de Sudamérica.
El Servicio Geológico Colombiano (SGC) mantiene un monitoreo permanente de la actividad sísmica y estima que en Colombia se registran alrededor de 2,500 sismos cada mes, aunque la mayoría no son percibidos por la población.
El terremoto del 10 de agosto ocurrió a las 7:34 de la mañana, cerca de San José del Palmar, Chocó, y tuvo una profundidad cercana a los 100 kilómetros. El movimiento se sintió en amplias zonas de Colombia e incluso en países vecinos como Ecuador y Panamá.
El geólogo Andrés Folguera, profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador del CONICET, explicó que los terremotos venezolanos estuvieron relacionados con la interacción entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, mientras que el evento colombiano tuvo su origen en la placa de Nazca, ubicada bajo el océano Pacífico.
Según Folguera, en Venezuela las rupturas estuvieron asociadas a fallas cercanas a la superficie, entre ellas los sistemas de Boconó y San Sebastián. En Colombia, en cambio, la ruptura se produjo a gran profundidad dentro de la placa de Nazca, que se introduce por debajo de la placa Sudamericana.
Esta diferencia explica parte del comportamiento de ambos fenómenos. Los terremotos venezolanos tuvieron focos superficiales, a menos de diez kilómetros de profundidad, mientras que el de Colombia ocurrió cerca de los 100 kilómetros bajo tierra.
El especialista explicó además que las placas involucradas se desplazan a velocidades diferentes. La placa del Caribe avanza aproximadamente dos centímetros por año, mientras que la placa de Nazca lo hace a unos cinco o seis centímetros anuales.
En el caso colombiano, el proceso conocido como subducción ocurre cuando la placa de Nazca se hunde debajo de la placa Sudamericana. La fricción y acumulación de tensión derivadas de ese movimiento pueden provocar terremotos cuando la energía se libera repentinamente.
Colombia se encuentra además dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica y volcánica del planeta. En esa zona interactúan las placas de Nazca, Sudamericana y Caribe, una configuración que explica la frecuente ocurrencia de movimientos sísmicos.
El sismólogo colombiano Darío Rivera señaló que la placa de Nazca se extiende frente a gran parte de la costa occidental sudamericana, incluyendo zonas próximas a Chile, Perú y Colombia.
En ese entorno tectónico se han producido algunos de los terremotos más fuertes registrados en la región. Entre ellos figura el terremoto de Maule, Chile, de 2010, de magnitud 8.8, y el de Pisco, Perú, de 2007, de magnitud 7.9.
Los especialistas también destacan que la magnitud de un terremoto no determina por sí sola el nivel de destrucción. La profundidad, la distancia al epicentro, las características del terreno y la vulnerabilidad de las edificaciones influyen directamente en los daños.
La magnitud mide la energía liberada durante el terremoto, mientras que la intensidad describe cómo se siente el movimiento y los efectos que produce en distintos lugares.
Sobre una eventual conexión entre los terremotos de Venezuela y Colombia, Folguera indicó que la posibilidad deberá ser analizada científicamente. No obstante, sostuvo que, de manera preliminar, considera probable que los eventos no estén relacionados debido a sus distintos mecanismos tectónicos.
La ciencia tampoco puede determinar con exactitud cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto. Los especialistas pueden identificar zonas de mayor amenaza y estudiar las fallas, pero no predecir el día, la hora, el lugar exacto ni la magnitud de un futuro evento.
Ante este escenario, los organismos especializados recomiendan fortalecer la preparación, identificar zonas seguras, establecer rutas de evacuación y participar en simulacros, especialmente en países ubicados en regiones de elevada actividad sísmica.