Un marroquí de 20 años relata que cruzó irregularmente a Ceuta el día 31 tras sumarse de manera espontánea a una avalancha de personas. Después de cruzar, permaneció escondido durante cinco días hasta que unas amigas le proporcionaron comida, una ducha y un lugar donde dormir. Asegura que buscó empleo durante dos semanas y que, finalmente, empezó a trabajar sin contrato, aunque evita explicar cuál es su ocupación.
También afirma que algunos solicitantes de asilo fingen ser LGTBI o sufrir persecución religiosa, una acusación personal que no aporta pruebas para demostrar.
Su intención es trasladarse a la Península, pero sostiene que no desea obtener la nacionalidad española y que su principal objetivo es trabajar. Considera que Ceuta y Melilla son españolas y revela que ya vivió cuatro años en España y que fue devuelto desde Francia tras un incidente que atribuye a su defensa ante un supuesto abuso policial.