25 de marzo de 2026

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Trump planea desplegar en el Golfo Pérsico 3.000 soldados de una división aerotransportada

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Este martes se supo que el Pentágono reforzará su dispositivo en Oriente Medio con el despliegue de 3.000 soldados de la 82 División Aerotransportada, una de las unidades de respuesta más rápida con las que cuenta el ejército estadounidense. Este movimiento no implica el despliegue de tropas sobre el terreno iraní, pero sí amplía el margen de maniobra de Donald Trump porque le permite reforzar la protección de las bases norteamericanas en la región y aumentar su capacidad de disuasión para negociar desde una posición de fuerza.

El anuncio llega 24 horas después de que el mandatario estadounidense anunciara que había iniciado conversaciones con Teherán para poner fin a la guerra. Un acercamiento que Irán niega. Trump está sintiendo la presión de los mercados bursátiles, que el lunes reaccionaron a sus palabras, y conoce perfectamente el poder de los medios de comunicación.

De hecho, con su anuncio consiguió colocar en el imaginario de parte de la prensa estadounidense un posible acuerdo y algunos medios ya han comenzado a dibujar el contexto, el cómo y el dónde podría tener lugar. Según la cadena CNN, de darse, sucedería en Pakistán, un país que tiene sus propios motivos para empujar una desescalada. Con 230 millones de habitantes y una fuerte dependencia energética de Oriente Medio, una guerra prolongada en la región supondría para Islamabad una amenaza directa.

Pakistán se posiciona

Por eso el territorio se habría ofrecido a acoger una eventual reunión entre Washington, un encuentro que CNN se aventura a situar a finales de esta semana. La elección de Pakistán no es casual, se trata de un país que comparte una larga frontera con Irán y mantiene vínculos culturales, religiosos y geográficos con la República Islámica, lo que convierte el país en un interlocutor menos hostil que otros actores de la región.

Además, alberga la mayor población chií fuera de Irán, un elemento nada menor en un tablero donde la simbología también cuenta. A todo esto, se suma que Pakistán no forma parte del bloque de países del Golfo marcados por la presencia militar estadounidense, por lo que se presenta como un lugar intermedio, menos contaminado por los intereses directos de las partes inmersas en el conflicto. Y lo más importante, a Trump Pakistán le gusta.

Islamabad ha recuperado su valor estratégico para Washington, entre otras cosas por sus recursos minerales y por la sintonía que el presidente estadounidense ha cultivado con el jefe del Ejército paquistaní, Asim Munir. El propio Trump llegó a describirlo como uno de sus «mariscales» favoritos sobre el terreno, además de subrayar que los paquistaníes «conocen Irán muy bien, mejor que la mayoría».

CNN también apuntaba este martes la posibilidad de que el vicepresidente norteamericano, J.D. Vance, acudiera al encuentro, y revelaba que, según una fuente iraní, ayer sí hubo un «acercamiento» entre Washington y Teherán, impulsado por la parte estadounidense. Irán estaría dispuesto a escuchar propuestas «sostenibles» para poner fin a la guerra. En este sentido, sigue sin conocerse la identidad del «respetado líder» iraní, con el que según Trump, se estarían llevando a cabo las negociaciones.

CNN también ha intentado ponerle nombre al misterioso interlocutor sin que la información haya sido confirmada. Apunta al presidente del parlamento iraní de 64 años, Mohammad Bagher Ghalibaf, un hombre de línea dura que siempre ha reivindicado la contundencia como herramienta para defender la seguridad y valores de la República Islámica. «Hay fotografías mías disponibles que se muestran en la parte trasera de una motocicleta… golpeando a manifestantes con palos de madera. Yo estaba entre quienes llevaban a cabo las golpizas de la calle y estoy orgulloso de ello», aseguraba en una grabación de 2013.

Tras el asesinato de varias figuras relevantes del poder iraní, su nombre parece haber cobrado fuerza en los últimos días. Ghalibaf niega que sea él quien esté negociando. Lo único claro es que el objetivo de Trump, como él mismo dejó entrever el lunes, pasa por encontrar una Delcy Rodríguez venezolana para el régimen iraní, es decir, una figura dispuesta a asumir el poder facilitando la comunicación con EE UU y que acepte, al menos parcialmente, el camino que marcan las exigencias de Washington.