5 de mayo de 2026

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Redondo Llenas, fingió buscar al niño Llenas tras matarlo

Redondo Llenas
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SANTO DOMINGO.-Todo el mundo está consciente de que sobre el caso del niño José Rafael Llenas Aybar, asesinado en 1996 por su primo, no es todo lo que se conoce con exactitud, amén de la reconstrucción de los hechos que realizó el Ministerio Público para lograr las condenas de los involucrados.

Mario José Redondo Llenas, quien sale libre este martes tras purgar una condena de treinta años en un centro correccional, fue escaso en razones, así como su cómplice Juan Manuel Moliné Rodríguez, y los datos aportados no sirvieron de mucho.

Redondo Llenas, fingió buscar al niño Llenas tras matarlo
Redondo Llenas procuró salir libre en el año 2013.

Asesino que busca
No obstante, se sabe que, en el caso de Redondo Llenas, actuó de manera fría involucrándose en la búsqueda del menor, sosteniendo la tesis de que lo había dejado en la Plaza Bolera y supuestamente preocupándose por su desaparición. Es Redondo Llenas en compañía de otro familiar, quien, en la noche del 3 de mayo de 1996, pone la denuncia de desaparición en la Policía Nacional.

Los reportes de la época dan cuenta de que mientras Redondo Llenas ejecutaba estas maniobras distractoras, Moliné Rodríguez afanaba con eliminar evidencias, como limpiar los restos de sangre del menor que aún estaban en su vehículo.

Redondo Llenas, fingió buscar al niño Llenas tras matarlo
José Rafael Llenas Aybar, asesinado en 1996.

Reconstruyendo
Imagine esta reconstrucción como el espejo que testifica del sucio social que no debe olvidarse: dos jóvenes de 19 y 20 años de edad. Uno construyendo una coartada frente a policías y familiares. El otro de rodillas, frotaba la sangre de un niño de doce años del interior de un automóvil.

Y esa, aunque incompleta, es la imagen que los expedientes judiciales y los archivos periodísticos de la época permiten reconstruir de las horas que siguieron al crimen.

La frialdad de Redondo Llenas en esas horas resulta tan perturbadora como el crimen mismo. Había asesinado a su primo hermano en las cercanías del arroyo Lebrón, ubicado en el kilómetro 13 de la autopista Duarte, antes de que cayera la tarde; y, sin embargo, fue capaz de presentarse ante su familia, ante la madre del niño muerto, ante los agentes de la Policía, con el rostro compuesto de quien no sabe nada y teme lo peor.

Sostuvo su versión con una consistencia que sólo se explica desde la premeditación: él había dejado al niño en la Plaza Bolera, acompañado de unos muchachos y un chofer. Eso fue lo que dijo. Eso siguió diciendo.

Ileana Aybar, la madre, ya había recorrido esa ruta antes de que la noche cerrara. Fue a la Plaza Bolera. No estaba. Fue al supermercado Asturias, donde supuestamente era la exhibición de motocicletas que nunca existió. Nadie lo había visto. Nadie sabía de ninguna exhibición. Y aun así, Redondo Llenas mantuvo su versión y se sumó a la búsqueda con la naturalidad de quien tiene la conciencia limpia. Y luego esto, es el asesino quien pone la denuncia de la desaparición.

Mírelo firmando papeles. Respondiendo preguntas. Señalando direcciones. Todo mientras el cuerpo de José Rafael yacía atado con cinta adhesiva en el río Lebrón, donde habían abandonado el cuerpo, con treinta y cuatro heridas de arma blanca y la yugular cortada.

Moliné Rodríguez, entretanto, en lo suyo. Limpia la sangre, lo necesita. Elimina todo rastro que pudiera conectar ese carro con lo que había ocurrido quien sabe dónde.

Era trabajo sucio en el sentido más literal, pero los dos jóvenes habían demostrado esa tarde que no les temblaba el pulso o que estaban resignados. Lo que ninguno de los dos calculó fue la fragilidad de los detalles pequeños o sí calcularon, pero mal.

El papelito
La investigación policial avanzó con una rapidez que los archivos judiciales atribuyen en gran medida a una pista concreta: un papel que el niño llevaba consigo cuando fue hallado al día siguiente por unos campesinos.

En ese papel estaba anotado un número telefónico. El número pertenecía a Kimberlyn Caldas, quien era en ese momento pareja de Moliné Rodríguez. Ese dato, diminuto y casual, fue el hilo que comenzó a deshacer todo el tejido mentiroso.

A partir de ahí, las piezas encajaron con rapidez. Ambos fueron localizados y detenidos. Y entonces ocurrió algo que la sociedad dominicana no olvidaría: los dos jóvenes confesaron ante las cámaras de televisión.

No en un despacho judicial a puertas cerradas, sino frente a los micrófonos y los lentes que transmitían en vivo. La conmoción fue inmediata y total. Eran muchachos de familia, con educación, con futuro aparente. Y habían asesinado a un niño de doce años con treinta y cuatro puñaladas.

Moliné Rodríguez habló. Narró su versión sobre cómo engañaron al menor, cómo lo amarraron y cómo Redondo Llenas tomó el cuchillo.

Dijo que la decisión de matarlo fue de su cómplice, que lo vio actuar como alguien que estaba fuera de sí. Redondo Llenas, en cambio, guardó silencio ante el juez luego de ser descubierto.

Redondo Llenas vuelve a una sociedad distinta
El caso. El regreso de Mario José Redondo Llenas a la sociedad ocurre en medio de una memoria colectiva que no ha dado tregua.

El mismo hombre que en su momento presentó la denuncia, que buscó al niño con el rostro desencajado de un dolor que luego se percibiría como fingido, guardó silencio cuando le tocó responder ante la verdad.

Redondo Llenas retorna hoy a una sociedad distinta a la que dejó, pero no necesariamente más indulgente.

Por el contrario, se encuentra con un entorno que, como hace tres décadas, tiene presente el crimen, situación que le obligará a asumir un bajo perfil. En fin, su reintegración se verá marcada por la reacción de la sociedad.