La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha lanzado este jueves una pregunta que desvela el siniestro pasado del imperio azteca, cuya capital, Tenochtitlan, se levantaba donde actualmente se asienta Ciudad de México. «Pregúntenle a la presidenta mexicana y a los mexicanos qué hay en la calle Guatemala 24 en Ciudad de México. ¿Qué hay bajo tierra? ¿Por qué no lo abre al público?», ha preguntado la dirigente regional.
La respuesta lleva una década enterrada bajo el centro histórico de Ciudad de México: el Huey Tzompantli, el gran altar de cráneos de la capital del imperio mexica, una estructura religiosa que los aztecas levantaron para exhibir ante el pueblo las cabezas decapitadas de miles de cautivos de guerra y víctimas de sacrificio.
Ayuso ha vinculado la existencia de este yacimiento, aún inaccesible al público más de una década después de su descubrimiento, con la estrategia política del Ejecutivo mexicano de exigir a España disculpas formales por la conquista. «Pregúntenle cuál es el pasado de México antes de que nos uniéramos en mestizaje, qué es lo que ha defendido mi gobierno», ha señalado la presidenta madrileña. «A lo mejor habrá que empezar a pedir disculpas por tanta mentira y por tanto agravio para vivir de la pobreza, que es lo que hace siempre el comunismo», ha subrayado Ayuso, quien ha acusado al comunismo de «retorcer la historia de España» con el fin de «trabajar en contra de las democracias liberales».
El yacimiento se encuentra en el subsuelo del inmueble situado en el número 24 de la calle República de Guatemala, a escasos metros de la Catedral Metropolitana y del Zócalo de Ciudad de México. Según los datos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en 2015 el programa de Arqueología Urbana (PAU) inició excavaciones en ese predio con motivo de obras de recimentación y descubrió los restos del extremo noreste del Huey Tzompantli de Tenochtitlan. Los trabajos de campo, dirigidos por el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, se prolongaron hasta 2017 y revelaron una plataforma de argamasa, cal y piedra de tezontle que se remonta al periodo del tlatoani Ahuízotl, entre 1486 y 1502. Las excavaciones alcanzaron los 3,5 metros de profundidad bajo el nivel actual de la calle.
En diciembre de 2020, una segunda fase de vigilancia arqueológica durante nuevas obras de restauración del inmueble permitió localizar el extremo este y la fachada exterior de una torre circular hecha con cráneos de 4,7 metros de diámetro. El antropólogo físico Rodrigo Bolaños contabilizó visualmente 119 nuevos cráneos, que se sumaron a los 484 ya identificados en la primera temporada. En total, la estructura acumula más de 600 cráneos documentados, entre ellos restos de hombres, mujeres y al menos tres niños, según informó el INAH. Las investigaciones actuales, a cargo de los laboratorios de Bioarqueología y Genética de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, analizan una muestra de 214 cráneos en la ceramoteca del Museo del Templo Mayor.
La existencia de tzompantlis, estructuras destinadas a la exhibición pública de cráneos de sacrificados, era conocida por las crónicas españolas del siglo XVI. Bernal Díaz del Castillo, fray Bernardino Sahagún y Andrés de Tapia describieron la estructura con espanto al acceder al recinto sagrado de Tenochtitlan junto a Hernán Cortés. El propio tlatoani Moctezuma II habría mostrado personalmente al capitán extremeño los edificios sagrados de la ciudad, entre ellos el Huey Tzompantli. Según los cronistas, en la Gran Tenochtitlan había un tzompantli principal y varios menores. La hipótesis de los arqueólogos es que los cráneos pertenecían mayoritariamente a cautivos de guerra sacrificados en honor a Huitzilopochtli, con una edad media estimada de 25 años.