30 de octubre de 2026

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Ocho hábitos cotidianos que pueden debilitar la relación de pareja

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SANTO DOMINGO.– El deterioro de un matrimonio no siempre comienza con una infidelidad o una gran discusión. A veces se desarrolla entre conversaciones pendientes, muestras de cariño que desaparecen y decisiones que dejan de tomarse en conjunto.

La falta de comunicación, los reproches frecuentes y la pérdida de proyectos compartidos pueden debilitar el vínculo hasta convertir la convivencia en una sucesión de obligaciones sin cercanía emocional.

Investigadores como el psicólogo estadounidense John Gottman han estudiado cómo las críticas destructivas, el desprecio, las respuestas defensivas y el bloqueo de la comunicación se relacionan con la insatisfacción matrimonial. Sin embargo, ninguna de estas conductas determina por sí sola una separación.

Reconocerlas permite identificar dificultades y buscar acuerdos antes de que el distanciamiento se profundice.

1. Descuidar la cercanía física y emocional

Cuando las parejas dejan de abrazarse, besarse o buscar momentos de complicidad, pueden comenzar a sentirse menos conectadas.

La intimidad abarca tanto la vida sexual como la confianza para expresar emociones, compartir preocupaciones y sentirse acompañado. Por eso, su cuidado también depende de pequeños gestos cotidianos.

Los trabajos de Gottman destacan el valor de las interacciones positivas y las expresiones de afecto para sostener una relación satisfactoria.

2. Tomar decisiones sin considerar a la pareja

Organizar el futuro, realizar compras importantes o asumir compromisos que afectan a ambos sin conversarlos puede debilitar el sentido de equipo.

El problema aparece cuando cada integrante concentra sus esfuerzos exclusivamente en sus intereses y deja de incluir al otro en las decisiones compartidas.

Cumplir con las cuentas o adquirir bienes no garantiza, por sí solo, que exista un proyecto de vida común.

3. Utilizar las discusiones para humillar

Los desacuerdos forman parte de la convivencia, pero los insultos, las burlas y los comentarios destinados a herir deterioran el respeto.

Gottman identificó el desprecio como una conducta especialmente destructiva. Puede expresarse mediante sarcasmos hostiles, gestos de superioridad o descalificaciones, incluso delante de familiares y amigos.

Abordar una diferencia requiere poder expresar el malestar sin atacar la dignidad de la otra persona.

4. Competir por quién aporta o se sacrifica más

Comparar constantemente quién trabaja más, quién paga más gastos o quién asume más tareas puede convertir las responsabilidades familiares en una fuente permanente de resentimiento.

Cuando cada conversación busca demostrar que uno hace más que el otro, se dificulta reconocer los esfuerzos de ambos y encontrar soluciones.

La cooperación requiere hablar sobre la distribución de las cargas y valorar las contribuciones de cada integrante.

5. Restar importancia a las aspiraciones del otro

Responder con indiferencia o descalificaciones a una idea, una buena noticia o un proyecto personal puede hacer que la pareja deje de compartir sus ilusiones.

Las investigaciones de Shelly Gable y sus colaboradores resaltan la importancia de responder con interés y de manera constructiva cuando alguien comunica una experiencia positiva.

Apoyar no implica aprobar todas las decisiones, sino escuchar, mostrar curiosidad y conversar sobre las inquietudes sin ridiculizar las aspiraciones.

6. Evitar los conflictos sin resolverlos

Pasar días sin hablar, esquivar asuntos incómodos o disculparse sin cambiar la conducta puede dejar intacto el problema que originó una discusión.

La ausencia de enfrentamientos no siempre significa que exista un acuerdo. Las diferencias pendientes pueden acumularse y reaparecer en conflictos posteriores.

Gottman destaca la capacidad de reparar la relación después de los desacuerdos mediante el reconocimiento de errores, la escucha y la búsqueda de compromisos.

7. Dejar sin conversar las diferencias sobre el futuro

Tener hijos, comprar una vivienda, cambiar de ciudad o emprender son decisiones que pueden generar tensiones cuando las expectativas de ambos no coinciden.

Una pareja no necesita compartir todas las preferencias, pero sí abordar los asuntos que definirán su vida en común.

Evitar esas conversaciones puede llevar a que cada integrante avance hacia objetivos distintos sin haber negociado cómo conciliarlos.

8. Reservar tiempo únicamente para las obligaciones

Cuando todas las conversaciones giran alrededor del trabajo, los hijos, las cuentas y las tareas domésticas, pueden desaparecer los espacios para disfrutar juntos.

Un estudio de Arthur Aron y sus colaboradores, publicado en Journal of Personality and Social Psychology, encontró que realizar actividades novedosas y estimulantes en pareja podía mejorar la calidad de la relación.

Compartir una caminata, cocinar juntos o conversar sin distracciones también permite recuperar momentos de cercanía sin necesidad de grandes gastos.

Identificar estas conductas no significa que el matrimonio esté destinado a terminar. Puede ser una oportunidad para establecer acuerdos, recuperar la comunicación y buscar ayuda profesional cuando resulte necesario.