San Cristóbal. – Con lágrimas en su rostro y voz entrecortada, Ana Mercedes Corporán expresó este viernes el dolor que la invade, tras el hallazgo del cuerpo sin vida de su hijo de diez años en la cañada de Reja, ubicada en el distrito municipal Hato Damas, provincia San Cristóbal.
Desconectada de su entorno y sumida en una realidad gris, Mercedes recordó a Raudiel Steven Martínez como un niño alegre que disfrutaba de los juegos infantiles, hasta que presuntamente un adolescente de 14 años, investigado por su participación en el acto delictivo, le arrebató la luz de sus ojos.
La progenitora señaló que le realizaba constantes advertencias a Raudiel para que no «se junte tanto» y recibiera influencias de otros niños con comportamientos distintos a los de él, con la finalidad de preservar su crianza y valores.
«¡Ay, Dios mío, esto si duele! ¡Ay me lo mataron y me lo tiraron en una cañada! Mi niño era un niño alegre, contento y le gustaba mucho jugar», expresó mientras se balanceaba hacia adelante y hacia atrás, reflejando la desesperación que aún la embarga.
¿Qué ocurrió?
Ana Mercedes narró que la desaparición de su hijo se produjo el pasado miércoles, cuando ella se dispuso a llevar a su segundo vástago, quien nació prematuro, a consulta médica.
Con un dolor que no le cabía en el pecho, indicó que el infante se rehusó a asistir a la cita médica y prefirió quedarse en casa de su abuela, donde nunca se presentó, sin saber que sería la última vez que lo volvería a ver.
«Mami, ¿tú me quieres?», fueron las últimas palabras pronunciadas por el menor, según contó su madre, quien aún no concibe la idea de que el niño «se estaba despidiendo».
Tras su desaparición, los familiares, vecinos y allegados emprendieron la búsqueda por el sector para dar con el paradero de Raudiel, quien no solía ausentarse por mucho tiempo.
¿Dónde lo encontraron?
Mercedes manifestó que localizaron a Raudiel, luego de que el presunto autor del hecho condujera a las autoridades hasta el cadáver, el cual yacía entre las aguas, pedregales y hojas húmedas de una cañada.

«¡Ay, yo fui hasta la casa de la madre! (del adolescente señalado en el caso), ¿te digo por qué lo encontramos? Porque el asesino llevó a los policías donde él estaba ¿qué más justicia de ahí? ¿Qué más pruebas?«, exclamó Mercedes mientras mantenía la mirada perdida.
Mercedes Corporán contó que la madre del menor acusado por la muerte de Raudiel no ofreció versiones convincentes sobre su desaparición, asegurando que, en un momento, le dijo que su hijo no llevó al fenecido cargado hacia el lugar de los hechos.
«Me han quitado un pedazo de mi vida»

Pedro Luis De Los Santos, padrastro de Raudiel, expresó el sufrimiento que le causa su ausencia, a quien consideró como su hijo, por criarlo desde que el infante tenía un año de edad.
«El dolor que yo sí tengo en mi alma, nadie me lo puede quitar y me han quitado un pedazo de mi vida», declaró De Los Santos mientras se mantenía de pie.
Alberto Pineda, tío del niño, explicó que el adolescente trasladó a Raudiel hacia «un lugar despoblado», marcado por la vegetación del lugar y la ausencia de viviendas cercanas: el lugar perfecto para «que nadie lo pueda escuchar».
Pineda estableció similitud con el caso del infante Llenas Aybar, por el modus operandi implementado por el presunto autor del hecho.
«Le gustaba estar libre»
Eva Sánchez, directora del Centro educativo donde estudiaba Raudiel Steven Martínez, quien cursaba el cuarto de primaria, aseveró que el menor era «muy cariñoso y juguetón», fiel amante de las actividades al aire libre.
«Desde que terminaba de hacer sus clases, había que entrarlo varias veces, porque a él lo que le gustaba era siempre estar libre», culminó la dirigente del centro estudiantil.