El papa León XIV animó este jueves a la unidad a los cardenales de todo el mundo reunidos en el Vaticano para un consistorio extraordinario y advirtió que no han sido llamados para “promover agendas personales o grupales”.
“Todos nos hemos detenido para estar aquí, hemos suspendido un tiempo nuestras actividades, renunciado a compromisos incluso importantes, para discernir juntos lo que el Señor nos pide», afirmó durante una misa celebrada con los purpurados en la basílica de San Pedro.
El pontífice estadounidense reunió de madrugada en el templo vaticano a los 170 cardenales llegados a Roma para participar en un consistorio extraordinario de dos días, convocado con el objetivo de ayudarle a tomar decisiones sobre el futuro de la Iglesia.
En este contexto, la homilía de León XIV comenzó con un llamamiento a la colaboración y a la comprensión entre los purpurados, en un Colegio Cardenalicio a menudo marcado por las divergencias entre reformistas y conservadores.
«No estamos aquí para promover agendas personales o grupales, sino para confiar nuestros proyectos e inspiraciones al escrutinio de un discernimiento que nos supera y que solo puede venir del Señor», subrayó el papa ante los cardenales, muchos de ellos participantes en el cónclave en el que fue elegido hace apenas ocho meses.
Este consistorio extraordinario, distinto de los ordinarios más limitados y frecuentes, fue organizado tras la conclusión del Jubileo y de los ritos navideños para “ofrecer apoyo y consejo al Santo Padre en el ejercicio de su alta y ardua responsabilidad en el gobierno de la Iglesia”, según un comunicado de la Santa Sede.
Se espera que los cardenales aporten al nuevo pontífice sus puntos de vista sobre la liturgia y otras cuestiones de calado, así como recomendaciones sobre las reformas que deberá impulsar, tras los doce años del pontificado de Francisco, quien prefería asesorarse mediante un consejo reducido.
Este tipo de consistorios, según el Código de Derecho Canónico, solo se convoca en casos de «especiales necesidades» o de «asuntos de gravedad» para la Iglesia.
El papa recordó a los presentes que el encuentro no debe entenderse como un «equipo de expertos», sino como un espacio para recoger las opiniones de «cada uno» y tenerlas en cuenta en el proceso de discernimiento.
Especialmente, señaló, en un mundo en el que «la saciedad y el hambre, la abundancia y la miseria, la lucha por la supervivencia y el desesperado vacío existencial siguen dividiendo e hiriendo a las personas, las naciones y las comunidades».
«Nuestro Colegio, aunque rico en muchas capacidades y dones notables, no está llamado a ser un equipo de expertos, sino una comunidad de fe en la que los dones que cada uno aporta produzcan el máximo fruto», concluyó.