Mientras brigadas combaten incendios en zonas montañosas, comunidades comienzan a sentir los efectos de la reducción de los caudales de los ríos y las costas reciben grandes cantidades de sargazo. República Dominicana enfrenta durante 2026 una acumulación de problemas ambientales que golpea sus bosques, fuentes de agua, playas y biodiversidad.
No se trata de un solo fenómeno ni de una emergencia concentrada en una provincia. Los episodios registrados durante los últimos meses muestran problemas distintos que terminan conectándose: incendios provocados por actividades humanas, ocupaciones dentro de áreas protegidas, sequía, contaminación de ríos, toneladas de residuos sólidos y especies invasoras que han conseguido establecerse en ecosistemas dominicanos.
La pregunta ya no es únicamente qué está ocurriendo, sino qué tan preparados están el país y sus instituciones para evitar que estos problemas continúen creciendo.
El sargazo cambia el paisaje de las costas
Y precisamente en las costas aparece otro de los grandes problemas ambientales de 2026: el sargazo. Durante los últimos meses, las acumulaciones han afectado especialmente el litoral turístico del Este, con presencia documentada en zonas como Bávaro, El Cortecito, Punta Cana y Uvero Alto.
En el primer semestre de 2026 (de enero a junio), República Dominicana y Puerto Rico acumularon cerca de nueve millones de toneladas métricas de sargazo, una cifra récord que supera los 8.3 millones registrados en el mismo período de 2025.
La situación llevó al Gobierno dominicano a reforzar las acciones de manejo. En mayo, Japón entregó al país seis camiones volquetes, cinco barredoras y cinco tractores para fortalecer las labores de recolección, contención y manejo del sargazo en zonas costeras y turísticas.
El Ministerio de Medio Ambiente, además, mantiene protocolos específicos para la recogida y disposición del alga y ha desplegado equipos técnicos para supervisar las operaciones en el Este. El fenómeno no se limita a Punta Cana.
Durante agosto se han reportado grandes acumulaciones en Las Galeras y Playa Rincón, en Samaná, mientras otros puntos de la costa norte también han registrado presencia del alga.

La importancia del sargazo va más allá de la apariencia de las playas. Cuando permanece acumulado y comienza a descomponerse, puede generar malos olores y modificar las condiciones del agua. Por eso, la Agencia Nacional de Asuntos Marítimos mantiene un programa de monitoreo en El Cortecito, Bávaro, donde analiza parámetros fisicoquímicos del agua y realiza seguimiento a los efectos del fenómeno.
El problema tampoco es exclusivamente dominicano. En 2024 se registraron más de 37.5 millones de toneladas de sargazo flotante en el Caribe, de las cuales más de tres millones impactaron las costas dominicanas, de acuerdo con cifras presentadas por el Gobierno.
La dimensión alcanzada por el fenómeno llevó incluso a República Dominicana a impulsar en Naciones Unidas una resolución para fortalecer la respuesta internacional ante las floraciones masivas de sargazo.
El fuego vuelve sobre los bosques
Los incendios forestales registrados durante 2026 en República Dominicana han dejado un balance ambiental preocupante. Entre enero y julio se contabilizaron 253 incendios, frente a los 467 ocurridos durante el mismo período de 2025. Aunque esto representa una reducción cercana al 46 % en la cantidad de siniestros, la superficie afectada aumentó considerablemente: pasó de 79,754 tareas en 2025 a 173,141 tareas en 2026, equivalentes aproximadamente a 10,889 hectáreas. Es decir, el país ha tenido menos incendios, pero algunos alcanzaron dimensiones mucho mayores.
La situación se agravó durante junio y julio, meses que marcaron el inicio de la segunda temporada de mayor incidencia de incendios forestales. En ese período se produjeron 109 fuegos, la cifra más alta documentada para esos dos meses en los últimos 30 años. En junio ocurrieron 44 incendios y en julio otros 65, cuando el promedio histórico de julio, calculado desde el año 2000, era de apenas 18. El récord anterior para ese período correspondía a 2018, con 90 incendios.
El incremento de la superficie afectada se concentró principalmente en junio. Las estadísticas del Ministerio de Medio Ambiente registraron 356 tareas impactadas en abril y 380 en mayo, pero solamente el incendio de El Codo, en Puerto Escondido, Duvergé, provincia Independencia, afectó unas 129,600 tareas. También se reportaron daños en La Pies, Jarabacoa, con 320 tareas; Palacio, Santiago, con 330; Trinidad, Monte Plata, con 200, y El Purguero, Jarabacoa, con otras 200 tareas.

La Sierra de Bahoruco sufrió uno de los impactos más graves. Entre el 20 de junio y los primeros días de julio, dos incendios alcanzaron aproximadamente 86.5 kilómetros cuadrados, equivalentes a 8,650 hectáreas y cerca del 8 % de la superficie total del parque nacional. El primer fuego afectó unos 76 kilómetros cuadrados y el segundo otros 10.5. Las llamas alcanzaron bosques de pino criollo, sabina rastrera, bosques latifoliados y zonas que apenas comenzaban a recuperarse de incendios ocurridos entre 2017 y 2021.
En agosto, la atención se trasladó al Parque Nacional Valle Nuevo, donde un incendio detectado el día 20 fue controlado inicialmente, pero se reactivó por los fuertes vientos. Alrededor de 70 guardaparques, militares y bomberos forestales participaron en las labores de extinción. Una medición realizada mediante la plataforma satelital FIRMS de la NASA estimó una zona potencialmente afectada de 24.73 kilómetros cuadrados, equivalentes a 2,473 hectáreas. Esta cifra es una estimación satelital y todavía no constituye una evaluación oficial definitiva. El parque fue reabierto el 28 de agosto después de que Medio Ambiente informara que el fuego estaba nuevamente controlado.
Hasta el momento, las autoridades dominicanas no han presentado una valoración económica consolidada en pesos sobre las pérdidas ocasionadas por estos incendios. Los datos divulgados cuantifican principalmente la cantidad de siniestros y la superficie afectada, pero no incluyen el costo de los árboles, cultivos, operaciones de extinción, restauración del suelo, pérdida de biodiversidad, emisiones de carbono o daños a las fuentes de agua. Medio Ambiente sostiene que más del 90 % de los incendios forestales atendidos en el país tiene origen humano, especialmente por conuquismo, actividades ganaderas, quemas de solares y residuos, aunque también se han registrado casos relacionados con descargas eléctricas.
La presión sobre las áreas protegidas
Los incendios coinciden con otro problema menos visible: la ocupación y explotación de terrenos dentro de áreas destinadas a la conservación.
Un operativo interinstitucional realizado este año permitió recuperar 496 tareas ocupadas ilegalmente y detener a 113 personas, según informó Medio Ambiente. Las intervenciones incluyeron zonas de Valle Nuevo, José del Carmen Ramírez, Armando Bermúdez, Montaña La Humeadora, Sierra de Bahoruco, Cotubanamá y Los Haitises.
Las autoridades identificaron actividades como tala, quema, agricultura y otras ocupaciones. El problema es que la presión sobre estas áreas no solamente reduce el territorio protegido. También fragmenta ecosistemas y puede aumentar otros riesgos ambientales, entre ellos los incendios y la pérdida de cobertura vegetal.
La sequía comienza a sentirse en los ríos
El otro gran problema que ha tomado fuerza durante el verano es la falta de lluvias. La situación de los ríos en la República Dominicana se ha tornado crítica debido a una prolongada sequía meteorológica provocada por el fenómeno de El Niño, que ha generado un severo déficit de lluvias desde mayo de 2026.
El descenso en los caudales de los ríos ha impactado directamente los principales acueductos, provocando una reducción de hasta el 68 % en la producción de agua potable en zonas clave del país como el Gran Santo Domingo.
En julio, la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo activó un plan especial de abastecimiento debido a la disminución de los caudales de los ríos Duey e Isa-Mana, fuentes esenciales para varios sistemas de agua potable. La reducción comenzó a afectar especialmente a sectores ubicados en zonas de mayor elevación.
Entre las zonas que han reportado afectaciones están Los Alcarrizos, Pedro Brand, Pantoja y Los Girasoles.

La situación revela una diferencia importante: no es correcto hablar de que los principales ríos del país se hayan secado, pero sí de una reducción de caudales suficientemente importante como para comprometer el abastecimiento de agua potable.
Las cuencas de Haina, Isabela, Nizao, Isa, Mana y Duey están vinculadas al sistema de abastecimiento de Santo Domingo y forman parte de un escenario de presión hídrica.
El problema se vuelve todavía más preocupante cuando se observa desde las montañas: los mismos bosques que ayudan a proteger las fuentes de agua son los que están siendo afectados por incendios, tala y ocupaciones.
Un río declarado en urgencia ambiental
En el extremo opuesto de la crisis hídrica está el río Haina. Mientras algunos sistemas enfrentan menos agua, el Haina enfrenta un problema de deterioro ambiental. En enero, el Ministerio de Medio Ambiente declaró de urgencia ambiental su intervención y restauración.
La decisión contempla acciones para recuperar el río y su cuenca ante problemas relacionados con sedimentación, erosión y ocupaciones en zonas de protección.
El caso del Haina vuelve a poner sobre la mesa una contradicción: República Dominicana necesita proteger sus fuentes de agua tanto de la escasez como de la contaminación y degradación de sus cuencas.
Y no es el único afluente bajo presión. Los ríos Ozama e Isabela continúan siendo objeto de programas de recuperación debido a los residuos y otras fuentes contaminantes que llegan a sus aguas.
Duquesa recibe hasta 5,500 toneladas de basura al día
La presión ambiental también tiene un origen mucho más cotidiano: la basura que produce la población.
El vertedero de Duquesa, principal destino de los residuos del Gran Santo Domingo, recibe diariamente entre 5,000 y 5,500 toneladas de residuos sólidos, según datos del Ministerio de Medio Ambiente.
La cifra permite dimensionar el problema: en apenas una semana, Duquesa puede recibir más de 35,000 toneladas de basura.
El Gobierno inició este año la transformación del vertedero, dentro de un proyecto que contempla su cierre técnico y remediación ambiental. Pero la magnitud de los residuos evidencia que el reto no puede resolverse únicamente modificando un vertedero.

El país necesita reducir la cantidad de residuos que llegan a disposición final, aumentar el reciclaje y mejorar la gestión municipal. De lo contrario, parte de esa basura termina en cañadas, ríos y costas.
El pez diablo: una invasión que ya se pesca por miles
Entre los problemas ambientales que menos ruido generan, pero que pueden tener efectos importantes a largo plazo, está la expansión de especies exóticas invasoras.
N Digital documentó el caso del pez diablo en el río Camú, en La Vega, donde pescadores explicaron que pueden capturar miles de ejemplares diariamente.
La especie ha dejado de ser una presencia aislada. También ha sido identificada en cuerpos de agua como la presa de Hatillo, el río Yuna y la laguna Saladilla.
El problema está en que el pez diablo puede competir con especies nativas y alterar los ecosistemas acuáticos. Sus hábitos de excavación también pueden afectar las riberas. Pero República Dominicana está intentando convertir el problema en una oportunidad.
N Digital documentó la propuesta de transformar los ejemplares capturados en harina de pescado, con potencial uso para alimentación animal y fertilizantes. El proyecto busca reducir la población de la especie y, al mismo tiempo, generar una actividad económica para las comunidades que participan en su captura.
La iniciativa tiene como antecedente un proyecto desarrollado en la laguna Saladilla, Monte Cristi, donde se trabaja en el aprovechamiento de especies invasoras.
La iguana verde también gana territorio
El fenómeno no ocurre solamente en los ríos.
La iguana verde está considerada una especie exótica invasora en República Dominicana. Documentos ambientales señalan que fue introducida al país en la década de 1980 como mascota y que su rápida dispersión representa una amenaza para especies nativas y endémicas.
Su presencia representa un problema porque puede competir con especies locales por alimento y espacio y modificar el equilibrio de determinados ecosistemas.
El Ministerio de Medio Ambiente ha advertido a la población que no compre, comercialice ni libere iguanas verdes debido precisamente a su condición de especie invasora.
No es un solo problema ambiental
La imagen que dejan estos meses es más compleja que la de una sucesión de emergencias.
Los bosques enfrentan incendios y ocupaciones; las cuencas enfrentan contaminación y reducción de caudales; las ciudades producen miles de toneladas de residuos; las costas reciben grandes cantidades de sargazo y los ecosistemas deben lidiar con especies invasoras que han encontrado espacio para reproducirse.
Son problemas diferentes, pero están relacionados.
Un bosque degradado tiene menos capacidad para proteger una cuenca. Una cuenca contaminada reduce la calidad de un recurso cada vez más presionado por la sequía. Los residuos mal manejados terminan en ríos y costas. Y los ecosistemas alterados pueden volverse más vulnerables a especies invasoras.
La discusión ambiental dominicana, por tanto, no puede limitarse a apagar incendios, recoger sargazo o retirar basura. El verdadero desafío está en evitar que los problemas se sigan acumulando.
Porque mientras una brigada combate un incendio en una montaña, en otra parte del país un río puede estar perdiendo caudal; mientras se retiran toneladas de sargazo de una playa, otras terminan acumulándose en otra costa; y mientras se intenta controlar el pez diablo, la iguana verde continúa reproduciéndose en tierra.
La pregunta que dejan estos meses es cuánto puede seguir soportando la infraestructura natural del país antes de que algunos de estos problemas dejen de ser señales de alerta y se conviertan en crisis permanentes.