Las recientes declaraciones de mandos militares iraníes reflejan un escenario de alta tensión en Medio Oriente, donde, pese al actual compás de negociaciones, crece la posibilidad de que el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se reactive.
El pronunciamiento surge después de que el líder supremo del régimen iraní, Mojtaba Khamenei, afirmara que el país se ha consolidado como una “potencia militar”, al tiempo que destacó la consolidación de una identidad “iraní-islámica” en la juventud. Khamenei no ha sido visto en público desde que fue designado sucesor de Ali Khamenei, en el contexto del inicio de la guerra el pasado 28 de febrero.
En esa línea, Yousef Pezeshkian, asesor e hijo del presidente iraní, planteó distintos escenarios sobre el desenlace del conflicto, subrayando que su resolución sigue siendo incierta y que no se descarta una nueva escalada.
“Irán se ha visto perjudicado económicamente debido a los daños en la infraestructura y en su capacidad de gestión por la pérdida de sus mejores fuerzas, pero en términos de credibilidad y posición global se ha beneficiado hasta ahora”, expresó en su canal de Telegram.
El funcionario advirtió que el país debe prepararse para escenarios adversos, lo que, según analistas, incluye la posibilidad de que se reanuden las hostilidades. “Debemos prepararnos para el peor de los casos… para que no nos pillen desprevenidos”, señaló, al tiempo que recomendó a la población no supeditar su bienestar a un futuro incierto.
Desde Washington, el presidente Donald Trump insistió en que su gobierno mantendrá las negociaciones con Teherán hasta alcanzar un acuerdo definitivo, aunque descartó cualquier retirada anticipada que pueda posponer el conflicto sin resolverlo.
“No vamos a irnos temprano y luego tener que volver cuando el problema resurja en tres años”, afirmó durante un discurso en Florida, dejando entrever que un fracaso en las conversaciones podría derivar en una nueva fase de confrontación.
Trump aseguró que las negociaciones avanzan a favor de Estados Unidos, pero criticó que Irán no cumple con las condiciones exigidas por su administración. “No están cumpliendo con el tipo de acuerdo que necesitamos, y vamos a hacer que esto se haga correctamente”, sostuvo.
El mandatario también describió a Irán como una potencia militar debilitada, asegurando que ha perdido capacidades clave como su armada, fuerza aérea y sistemas de defensa. “Sus líderes han desaparecido. El primer grupo, el segundo grupo, Khamenei, todos se han ido”, declaró.
En paralelo, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció nuevas sanciones contra tres casas de cambio iraníes —Pedram Pirouzan Exchange, Radin Exchange y Arz Iran Exchange—, además de una terminal petrolera en China y varias empresas vinculadas, en un intento por cortar las fuentes de financiamiento del régimen.
Según Washington, estas entidades forman parte de una red que permite a Teherán evadir sanciones mediante operaciones asociadas a la exportación de petróleo, utilizando estructuras financieras paralelas para movilizar miles de millones de dólares.
Aunque actualmente prevalece un frágil escenario de negociaciones, las advertencias desde ambos lados y la falta de avances concretos mantienen abierta la posibilidad de que el conflicto se reactive, en un contexto marcado por la incertidumbre y la presión internacional.