Con una dimensión dantesca, 88 cadáveres hacinados y en descomposición durante días tras ser recogidos en el mar los días 30 y 31 de julio durante la invasión a Ceuta y una infraestructura forense improvisada en el Hospital Militar, la emergencia de Ceuta empieza a dejar consecuencias también entre los trabajadores encargados de manipular, examinar y conservar los cuerpos. Según fuentes conocedoras de la situación, algunos de estos profesionales han tenido que recibir tratamiento psicológico después de semanas trabajando en contacto directo con los fallecidos, mientras otros podrían pedir la baja debido a la dureza del trabajo forense. El impacto psicológico se suma así a unas condiciones excepcionales de trabajo, la acumulación de cadáveres y la prolongación de una crisis que ha llevado al límite a quienes están sosteniendo ese dispositivo.
El problema no surgió de un día para otro. Durante las dos semanas anteriores al 30 de julio, cuando se consumó la invasión, ya se estaban recuperando cadáveres prácticamente a diario en el entorno marítimo de Ceuta: algunos días uno, otros dos y, en algún momento, hasta cuatro en una sola jornada. El 31 de julio se alcanzó, según datos oficiales, la cifra de 88 cuerpos, tras la invasión de 80.000 personas y una acumulación que desbordó la capacidad forense ordinaria de Ceuta, lo que obligó a improvisar una respuesta.
El Hospital Militar, sin actividad hospitalaria ordinaria, fue utilizado para conservar en la medida de lo posible y realizar las labores forenses de los cadáveres. Sus dos cámaras frigoríficas tuvieron que ser acondicionadas y, durante los primeros momentos, se recurrió también a literas y equipos portátiles de refrigeración, conocidos como «pingüinos», para mantener un mínimo de temperatura. Posteriormente, se habilitó una tercera cámara provisional en el exterior, instalada por parte del Gobierno de Ceuta, ya que el Ministerio de Justicia hasta el momento lo único que ha hecho es costear las dietas del personal voluntario que participó desde la península en las tareas forenses.
La situación obligó además a movilizar a forenses procedentes de otros puntos de España para reforzar las autopsias y las identificaciones. Pero el volumen de trabajo y las condiciones en las que se desarrolla la actividad han terminado afectando también a quienes se encuentran sobre el terreno. Las posibles bajas de trabajadores que, según la fuente, están en contacto directo con los cuerpos, añaden una nueva dimensión a una emergencia que hasta ahora se había contado principalmente en términos de cifras, instalaciones y capacidad forense.
La prolongación de la estancia de los cadáveres introduce además otro problema: su deterioro. Según se ha advertido, algunos cuerpos podrían haber comenzado a presentar signos de descomposición después de varias semanas en lugares lejos de una mínima conservación, pese a las medidas adoptadas con los medios disponibles y que no han sido muchos. Esto puede dificultar tanto determinadas actuaciones forenses como los procesos posteriores de identificación y repatriación si se llega a consumar, ya que ni Marruecos ni familiares han pedido los cuerpos.
Un total de 18 inmigrantes fueron enterrados este viernes en el cementerio musulmán de Ceuta. Las tumbas han sido marcadas con números para facilitar la localización de los restos si más adelante son reclamados por sus familias.
Después de tres semanas sin que Marruecos pidiera la repatriación de los inmigrantes, tanto de los supervivientes como de los cuerpos ahogados, este sábado el ministro de Justicia de Marruecos, Abdellatif Ouahbi, cambiaba el mensaje tras la presión internacional y de la prensa española al pedir la repatriación a territorio marroquí de los inmigrantes tras la invasión a Ceuta. Ouahbi solicita la firma de un acuerdo que devuelva tanto a los supervivientes como a los fallecidos.
«Hemos pedido que nos devuelvan a los vivos y ahora hablan de los muertos. Nosotros no separamos entre vivos y muertos», declaró Ouahbi. En esta línea, ha solicitado la firma de un acuerdo que devuelva tanto a los ilegales que permanecen en Ceuta como a los fallecidos. Ha pedido, en términos generales, un enfoque integral para abordar la inmigración entre los dos países.