28 de septiembre de 2026

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El noreaster se despide tras varios días de lluvia, inundaciones y cortes eléctricos en la costa este

lluvia
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La tormenta costera que mantuvo en alerta a millones de personas desde Washington D. C. hasta Maine comenzó finalmente a alejarse de la costa este durante las últimas horas. Aunque todavía persisten lluvias aisladas, oleaje peligroso y algunos problemas localizados, el sistema perdió fuerza y ya no representa la amenaza generalizada que obligó a declarar estados de emergencia y a movilizar recursos de protección civil en varios estados. 

Durante su paso, el nor’easter descargó intensas lluvias, provocó inundaciones urbanas y costeras, derribó árboles, dejó a más de 100,000 clientes sin electricidad en el noreste y ocasionó la cancelación de cientos de vuelos. También generó fuertes corrientes marinas, erosión en playas y complicaciones en el transporte terrestre y ferroviario.

Nueva York fue uno de los estados más afectados. La gobernadora declaró el estado de emergencia en varias jurisdicciones, incluyendo la ciudad de Nueva York, ante el riesgo de inundaciones repentinas, desbordamientos costeros y ráfagas de viento que afectaron el tránsito y la infraestructura. En numerosos sectores se registraron calles anegadas, retrasos en el transporte público y caída de árboles. 

Nueva Jersey enfrentó una situación similar. El estado activó medidas de emergencia por las inundaciones costeras, especialmente en comunidades cercanas al Atlántico y en zonas bajas. Las autoridades recomendaron evitar desplazamientos innecesarios durante el momento más intenso del fenómeno. 

En Connecticut, el gobernador activó el Centro Estatal de Operaciones de Emergencia para coordinar la respuesta. Aunque el estado evitó daños catastróficos, varias comunidades sufrieron inundaciones menores, interrupciones eléctricas y caída de árboles debido a las persistentes lluvias y los fuertes vientos del noreste.

Pensilvania, Delaware, Maryland, Virginia y el Distrito de Columbia también experimentaron lluvias intensas, crecidas de pequeños ríos, inundaciones localizadas y fuertes vientos, aunque el impacto fue menor que en las áreas costeras de Nueva York y Nueva Jersey. En toda la región las autoridades insistieron en no conducir por carreteras cubiertas de agua y mantenerse alejados de la costa mientras persistía el fuerte oleaje.

Más al norte, Rhode Island, Massachusetts, New Hampshire y Maine soportaron un prolongado episodio de lluvia, mar agitado y ráfagas de viento que ocasionaron interrupciones eléctricas, erosión costera y condiciones peligrosas para la navegación. Varias actividades públicas fueron suspendidas y numerosos eventos fueron cancelados por razones de seguridad.

Los meteorólogos explicaron que este sistema fue un nor’easter clásico de finales de septiembre. A diferencia de los que ocurren durante el invierno, no produjo nieve debido a las temperaturas relativamente cálidas del océano y de la atmósfera. Su principal peligro estuvo asociado a la lluvia persistente, los vientos sostenidos provenientes del noreste y las mareas elevadas que favorecieron las inundaciones costeras. 

Con el desplazamiento del centro de baja presión hacia el Atlántico canadiense, las condiciones comenzaron a mejorar gradualmente este domingo. Los servicios meteorológicos anticipan una disminución progresiva de las lluvias, el debilitamiento de los vientos y una recuperación paulatina de las temperaturas durante el inicio de la nueva semana, aunque algunas comunidades continuarán las labores de limpieza y restauración del servicio eléctrico.

Para millones de residentes de la costa este, el episodio deja una nueva lección. Aunque este fenómeno no alcanzó la intensidad histórica de otros nor’easters registrados en décadas pasadas, volvió a demostrar que estas tormentas pueden paralizar ciudades enteras, afectar la movilidad regional y generar importantes pérdidas económicas aun cuando no produzcan nieve. Tras varios días de incertidumbre, la amenaza inmediata ha quedado prácticamente atrás, pero sus consecuencias seguirán sintiéndose durante varios días en las comunidades que ahora trabajan para recuperar la normalidad.