Las políticas públicas que diseñe el Gobierno a largo plazo deben prestar especial atención a una investigación que evaluó a casi mil niños de primero a sexto grado del nivel primario y determinó que más del 37 % de los estudiantes evaluados padece obesidad.
El estudio, realizado por el Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa (Ideice), junto al Instituto Superior de Agricultura (ISA) y el Centro de Nutrición Clínica (CNC) de Santiago, tomó una muestra de 59 centros educativos públicos y privados, ubicados en zonas urbanas y rurales de las regionales educativas 03 de Azua, 06 de La Vega, 15 de Santo Domingo II y 17 de Monte Plata.

En el ámbito legislativo, el 14 de julio de este año fue presentado, durante la sesión 40 de esa legislatura, el proyecto de ley de alimentación y nutrición escolar, de la diputada Nelsa Shoraya Suárez Ariza. La iniciativa fue enviada a la Comisión de Educación y todavía no ha vuelto a ser conocida, aunque continúa vigente.

El objetivo del proyecto es regular la alimentación escolar de los niños, niñas y adolescentes que asisten a centros educativos públicos y privados, mediante la promoción de hábitos alimenticios saludables, acciones de educación nutricional y el consumo de alimentos adecuados a los requerimientos de los estudiantes.
La propuesta busca garantizar mejores condiciones de bienestar y salud, con el propósito de favorecer el proceso de enseñanza-aprendizaje. Las leyes que aborden el tema serán la base para hacer eficiente una estrategia para afrontar el incremento de la obesidad entre los estudiantes.
OBESIDAD Y RENDIMIENTO ACADÉMICO
El estudio del Ideice determinó que el rendimiento académico de los estudiantes está más relacionado con factores como la edad, el grado cursado y el tipo de centro educativo que con el estado nutricional. Es decir, no encontró una relación directa entre la obesidad y un eventual bajo desempeño académico.

Sin embargo, aunque no fue una conclusión planteada por la investigación, la obesidad podría influir de manera indirecta en aspectos como los niveles de asistencia, autoestima, actividad física, participación escolar y salud general de los estudiantes.
Sobre este tema, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advirtió el año pasado que la obesidad se convirtió en la forma más común de malnutrición infantil a nivel global, superando por primera vez al bajo peso.

Para septiembre de 2025, el organismo calculó que 188 millones de niños, niñas y adolescentes, equivalente a uno de cada diez, vivían con obesidad, una condición que los expone a enfermedades graves y potencialmente mortales.
“En República Dominicana, la malnutrición se manifiesta tanto en el retraso del crecimiento como en el aumento de la obesidad infantil. Se necesitan con urgencia políticas integrales que aseguren a todos los niños y niñas una alimentación saludable, nutritiva y asequible”, recomendó Unicef.
El organismo también destacó que el 8 % de los niños dominicanos menores de cinco años padecía sobrepeso, una situación que, al compararse con los resultados del estudio del Ideice, evidencia una tendencia que podría agravarse con el paso de los años.
Asimismo, Unicef señaló que una encuesta global realizada en 2024 reveló que el 75 % de los jóvenes de 13 a 24 años estuvo expuesto a anuncios de bebidas azucaradas, comida rápida o snacks durante la última semana.
El consumo frecuente de estos alimentos ultraprocesados por parte de niños y adolescentes ha generado preocupación entre investigadores y especialistas por sus posibles efectos en las próximas generaciones.
IMPACTO FUTURO EN SALUD Y ECONOMÍA
Especialistas han advertido sobre el mayor riesgo de desarrollar enfermedades como diabetes, hipertensión y padecimientos cardiovasculares, entre otras condiciones asociadas a la obesidad.
Desde una perspectiva económica, un niño con obesidad tiene mayor probabilidad de convertirse en un adulto con enfermedades crónicas, lo que podría aumentar el gasto público y familiar en salud, además de afectar la productividad.
La meta del país debe ser reducir la obesidad infantil durante los próximos años para disminuir la cantidad de enfermedades crónicas futuras. La inversión en prevención representa un costo menor frente al tratamiento prolongado de padecimientos como la diabetes durante décadas.
Esto implica que una parte importante de la próxima generación podría llegar a la adultez con mayores riesgos de salud, con efectos sobre el sistema sanitario, la productividad laboral y la calidad de vida.
Al mismo tiempo, el estudio del Ideice demuestra que mejorar el aprendizaje requiere mirar más allá de la nutrición e intervenir también en factores educativos y sociales. Esa combinación convierte esta investigación en una referencia para orientar políticas públicas basadas en evidencia científica.
Los deportes desempeñarán un papel importante en este proceso, ya que mantendría a esos niños y adolescentes consumiendo calorías y alejados del sedentarismo. También, habrá que puntualizar en un cambio de hábitos alimenticios saludables para poder hacer un equilibrio entre la actividad física y la alimentación.