La Habana, 6 may (EFE).- La captura estadounidense del venezolano Nicolás Maduro emerge como un parteaguas en las relaciones bilaterales entre Caracas y La Habana, que han pasado de estrechos aliados políticos y económicos a mantener una distancia plagada de silencios e incógnitas.
El cambio tiene implicaciones drásticas para los cubanos, que han dejado de recibir el petróleo de su principal suministrador, y para los venezolanos, cuyo sistema de salud pública tenía en los médicos de la isla un pilar básico.
Entre interrogantes queda asimismo la coordinación política bilateral, que llegó a tener vocación continental y levantó sus propias instituciones de cooperación y concertación, como la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y el mecanismo económico regional Petrocaribe.
«Es difícil de saber el punto exacto en el que se encuentra la relación bilateral», reconoce en una entrevista a EFE el investigador y profesor de la Universidad de La Habana Pável Alemán, uno de los principales expertos en Cuba sobre las relaciones entre La Habana y Caracas.
A su juicio, esta relación «muy profunda» y «de alto nivel» corre ahora el riesgo de «un enfriamiento paulatino» con los cambios que está introduciendo la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.
Alemán señala que «el nuevo Gobierno venezolano va paulatinamente dejando sin efecto un grupo de misiones sociales que se habían aprobado desde mucho antes», además de acatar «la petición de EE.UU. de no exportar más petróleo a Cuba» y aplicar «cambios mucho más profundos, como la Ley de Hidrocarburos y otras que se han aprobado rápidamente».
«Esto tiene un impacto negativo en la sociedad cubana y, lógicamente, en las relaciones» bilaterales, aduce.
El catedrático de la Universidad de Puerto Rico Efraín Vázquez Vera considera que las relaciones se encuentran «congeladas» y a la espera de que la situación se decante en Caracas, pero también en La Habana.
«Las relaciones entre Venezuela y Cuba están totalmente paralizadas», refiere en declaraciones a EFE este experto en relaciones internacionales.
A su juicio, Venezuela no es actualmente un «factor» en la política cubana. Si acaso, «la captura de Maduro» es una advertencia, «una amenaza o posibilidad latente de qué podría ocurrir en Cuba».
En los últimos cuatro meses las menciones cruzadas y las muestras de apoyo han sido mínimas, cuando antes eran muy habituales, y los contactos personales se han reducido de forma marcada.
EFE ha contactado a la Cancillería cubana y a la embajada de Venezuela en La Habana sobre este asunto y hasta el momento no ha recibido respuesta de ninguna de las partes.
Dolor y simpatía
Vázquez Vera cree entrever «un poco de resentimiento de parte de los cubanos» porque hay quien en la isla considera que la operación contra Maduro en enero contó con apoyo «interno» desde Venezuela y que, por tanto, «se sacrificó» a los militares cubanos que conformaban su primer círculo de seguridad. Oficialmente, el Gobierno cubano no ha hecho ninguna crítica al respecto.
Alemán, que no aborda la posibilidad de una traición, resalta lo «doloroso» que fue para Cuba este hecho: «Fue la primera vez en décadas que cubanos caían en un conflicto en el suelo de otro país».
El historiador cubano descarta que La Habana presionase a Venezuela en los meses previos a la intervención militar para no ceder ante Washington, frente a especulaciones a este respecto.
Apunta que Maduro sentía «simpatía» por Cuba -estudió en un centro del Partido Comunista (PCC, único legal) en La Habana entre 1986 y 1987-, pero señala que dentro de las estructuras de poder venezolanas no todos compartían esa visión.
El Gobierno venezolano, explica, está compuesto por «un grupo bastante heterogéneo, donde hay personas que nunca simpatizaron con Cuba o que no simpatizaban con el hecho de que Cuba y Venezuela tuvieran una relación profunda».
Nacionalismo
Para Alemán, el cambio en Caracas «removió» algo en el nacionalismo cubano, un vector a su juicio «más aglutinador que una ideología política en particular» y que tiene en el «antiimperialismo» una de sus señas de identidad.
«Cualquier tipo de opción de carácter intrusivo en los asuntos internos de Cuba, más aún si es a través del empleo de la fuerza, no va a tener una buena acogida», advierte.
El historiador cubano no cree que pueda resultar sencillo aplicar en Cuba una intervención que, al menos en sus objetivos, se asemeje a la que Washington ha puesto en marcha en Venezuela.
«Aquí no les va a ser fácil encontrar a alguien con el que intenten negociar a espaldas de la sociedad cubana y lanzar un proyecto de sustitución de Gobierno», subraya Alemán.