30 de agosto de 2026

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Centenares de personas asisten al entierro de cuatro de las 47 víctimas de ataque de pandilla en Haití

Centenares de personas asisten al entierro de cuatro de las 47 victimas de ataque de pandilla en Haiti
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PUERTO PRÍNCIPE, Haití (AP) — Cientos de residentes acudieron el domingo en una iglesia ubicada cerca de la capital de Haití para el funeral de cuatro de las 47 personas que fueron asesinadas por pandillas en un ataque tan brutal que sacudió a un país que lleva años luchando contra la violencia.

Los dolientes se secaban las lágrimas, levantaban las manos y gritaban mientras los ataúdes llegaban a una iglesia en la comunidad agrícola de Kenscoff.

“Agradecemos a todos los que vinieron en solidaridad con las familias que murieron y con quienes perdieron a sus seres queridos”, declaró el pastor Jean Robert Dorlus. “Dios abrirá un espacio para recibirlos”.

Dentro de la iglesia, la gente se mecía al ritmo de la música góspel. Algunos sollozaban con hombros temblorosos. Había tanta gente en la iglesia que decenas de personas no pudieron ingresar y vieron los servicios desde las ventanas mientras rendían homenaje a quienes estaban siendo velados: una madre, un padre y su hijo, y un hombre de 70 años a quien los pandilleros prendieron fuego.

“Los conozco desde hace mucho tiempo”, comentó Yvon Marleus, residente de Kenscoff que perdió a un primo durante el ataque. “Son personas respetadas en la comunidad”.

Las pandillas secuestraron a más de 50 personas durante el ataque, aunque recientemente dejaron en libertad a seis niños y siete mujeres luego de una intervención de líderes comunitarios y la UNICEF.

Se trata de uno de los peores secuestros masivos de los últimos años en Haití, y los sobrevivientes han organizado protestas mientras culpan a la policía por no haber evitado el ataque.

“No actuaron a tiempo para detener la masacre”, alegó Marleus.

La Policía Nacional de Haití ha dicho que ordenó una investigación para establecer los hechos y si el ataque fue producto de “complicidad o negligencia”.

Fuera de la iglesia, civiles montaban guardia con armas automáticas, listos para repeler cualquier nuevo ataque de las pandillas con la ayuda de agentes de policía apostados cerca del lugar.

Jean Calixte Juste, un residente de Kenscoff, contó que él y dos primos tuvieron suerte en sobrevivir.