14 de septiembre de 2026

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Sabía que en las torres Gemela de New York, murieron 47 dominicano ese 11 de Septiembre 2001

Sabia que en las torres Gemela de New York murieron 47 dominicano ese 11 de Septiembre 2001
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Eran cocineros, meseros, empleados bancarios, trabajadores de oficinas y rescatistas. Habían llegado a Nueva York persiguiendo el mismo sueño de miles de inmigrantes dominicanos. La mañana del 11 de septiembre de 2001 entraron a trabajar y muchos nunca regresaron a sus hogares. Veinticinco años después, 47 dominicanos forman parte de la memoria de una tragedia que también golpeó directamente a República Dominicana.

NUEVA YORK.- Aquella mañana había familias dominicanas esperando el regreso de un padre, una madre, un esposo o un hijo. Algunos habían salido de sus casas antes del amanecer. Otros apenas comenzaban la jornada cuando el primer avión atravesó el cielo de Manhattan. Cuarenta y siete dominicanos terminarían formando parte de la lista de víctimas del 11 de septiembre de 2001, una de las mayores pérdidas de vidas de una comunidad extranjera durante los ataques.

Una gran parte trabajaba dentro de las Torres Gemelas, en restaurantes, bancos, compañías financieras, seguridad y servicios.

Entre ellos estaba Yamel Josefina Meriño, de apenas 24 años.

Era hija de inmigrantes dominicanos, madre de un niño de ocho años y técnica de emergencias médicas. Había comenzado trabajando en transporte de pacientes, obtuvo su certificación y llegó a ser reconocida como EMT del Año por MetroCare.

Cuando llegaron las primeras noticias del desastre, Yamel no huyó.

Su ambulancia se dirigió hacia el World Trade Center. Mientras otros intentaban salir, ella decidió acercarse para ayudar a los heridos. Se encontraba prestando asistencia cerca de la Torre Sur cuando el edificio se desplomó.

Su hijo Kevin tuvo que crecer sin ella.

También estaba Pedro Francisco Checo, conocido como Frankie. Tenía 35 años y trabajaba para Fiduciary Trust en la Torre Sur. Aquella mañana había llegado temprano. Después del impacto llamó a sus padres.

Les dijo que estaba bien.

Fue una de las últimas veces que escucharon su voz. Sus restos nunca fueron recuperados. Dejó esposa y dos hijos.

En la Torre Norte trabajaba Isidrio Dario, un dominicano de 47 años que cocinaba en Windows on the World, el famoso restaurante situado en los pisos superiores del edificio.

Durante días su familia se resistió a admitir que estaba muerto. Sus tres hijos despertaban durante la noche preguntando dónde estaba su padre y por qué no regresaba a casa. Finalmente, una pariente tuvo que presentarse con su pasaporte y documentos para solicitar un certificado de defunción.

Historias semejantes comenzaron a multiplicarse por Washington Heights, el Bronx, Queens, Yonkers y otras comunidades donde la diáspora dominicana había construido su vida.

El golpe no terminó cuando desapareció el polvo de Manhattan.

Muchas familias comenzaron entonces otro recorrido, esta vez por oficinas gubernamentales, organizaciones benéficas, abogados y programas de asistencia. Algunas tuvieron que enfrentar barreras de idioma y complejos procesos administrativos mientras intentaban entender qué ayuda les correspondía. Documentos presentados ante el Congreso describieron incluso casos de familias dominicanas que buscaban simultáneamente ayuda económica, asistencia psicológica y visas para que familiares desde República Dominicana pudieran viajar a Estados Unidos.

El gobierno federal creó el Fondo de Compensación para las Víctimas del 11 de Septiembre.

Para las personas fallecidas, las indemnizaciones terminaron promediando poco más de 2 millones de dólares después de los descuentos correspondientes, con una mediana cercana a 1.68 millones. Los montos variaban de acuerdo con ingresos, dependientes, seguros de vida y otras compensaciones recibidas.

Pero existe algo que todavía no puede establecerse públicamente.

El fondo protegió la identidad de los beneficiarios y no publicó cuánto recibió cada familia. Por eso no existe un registro oficial abierto que permita determinar cuáles de las familias de los 47 dominicanos solicitaron compensación, cuánto recibió cada una o si alguna quedó fuera del programa.

Veinticinco años después, los números siguen siendo enormes. Casi tres mil muertos. Dos torres destruidas. Cuatro aviones secuestrados.

Pero para la comunidad dominicana el 11 de septiembre también puede contarse de otra manera.

Cuarenta y siete vidas.

!Cuarenta y siete familias que aquella mañana comenzaron esperando que alguien regresara!