En 2012, el Gobierno presentó el Mercado de Villas Agrícolas como la gran solución para uno de los problemas urbanos y comerciales más antiguos del Distrito Nacional: el desorden, la insalubridad y la congestión que durante décadas han caracterizado al Mercado Nuevo de la avenida Duarte. Catorce años después, esa promesa quedó convertida en un edificio abandonado.
La estructura, levantada con una inversión de 16 millones de dólares, nunca abrió sus puertas ni recibió a un solo comerciante. Hoy permanece deteriorada, con cristales rotos, puertas destruidas, basura, maleza, escombros y signos evidentes del abandono, mientras el Mercado Nuevo de la Duarte continúa enfrentando exactamente los mismos problemas para los que fue concebido el proyecto.
Lo que debía convertirse en uno de los mercados minoristas más modernos del país terminó siendo una infraestructura sin uso, mientras la inversión pública permanece inmovilizada y deteriorándose con el paso de los años.
La solución al Mercado de la Duarte
El Mercado de Villas Agrícolas fue construido por el Ministerio de Agricultura durante el último gobierno del expresidente Leonel Fernández, como parte de la Red de Mercados Dominicanos de Abasto Agropecuario (Mercadom), creada mediante la Ley 108 para modernizar el sistema nacional de comercialización de alimentos.

El proyecto contemplaba trasladar hacia estas nuevas instalaciones a cientos de comerciantes que ocupaban las calles y aceras del Mercado Nuevo de la Duarte, permitiendo recuperar espacios públicos, organizar el comercio, reducir la acumulación de basura y conectar el abastecimiento minorista con el Merca Santo Domingo.
La infraestructura fue diseñada con 57 puestos para vendedores, dos niveles, planta eléctrica, fábrica de hielo, amplias áreas de carga y descarga, estacionamientos y locales equipados con acero inoxidable, convirtiéndose para la época en una de las obras de mayor modernidad dentro de la red de mercados públicos. in embargo, el mercado nunca fue inaugurado.
Desde entonces han transcurrido las administraciones municipales de Roberto Salcedo, David Collado y Carolina Mejía sin que la edificación haya sido puesta en funcionamiento.
Una inversión que se deteriora
Lo que alguna vez fue una infraestructura moderna hoy luce completamente distinta. Los cristales de la fachada están rotos, varias puertas fueron arrancadas, el letrero que identificaba el mercado desapareció y el interior permanece cubierto de suciedad.
En la entrada se observan aguas estancadas, mientras el abandono ha permitido que la estructura pierda gran parte de las condiciones para las que fue construida. Desde el exterior todavía pueden apreciarse los cubículos comerciales, amplios pasillos y espacios diseñados para operar un mercado organizado, pero nunca utilizados.

El deterioro también alcanza los alrededores, el área destinada para el estacionamiento se ha convertido en un espacio ocupado por camiones cargados de plátanos, guineos y otros productos agrícolas. También funcionan casetas improvisadas y puntos de venta informales que ocupan gran parte del terreno.

El lugar que debía representar el orden terminó reproduciendo el mismo escenario de improvisación que buscaba eliminar.

El caos nunca desapareció
Mientras el Mercado de Villas Agrícolas permanece vacío, el Mercado Nuevo de la Duarte continúa operando bajo condiciones que residentes, comerciantes y transportistas califican como insalubres.
Durante un recorrido realizado por este medio, fue posible constatar montañas de basura, desperdicios de frutas vegetales y carnes descompuestos, aguas residuales, malos olores, aceras ocupadas por vendedores y calles prácticamente intransitables debido a la acumulación de camiones, triciclos y carretillas.

Los vertederos improvisados rodean prácticamente toda la intersección de la avenida Duarte con la calle Libertad. “Ya uno no sabe qué se hará con toda esa basura que solo contamina esto, uno no puede con el bajo y el sucio“, expresó Teresa Lopéz una residente de la zona consultada durante uno de esos recorridos.
Julio, quien trabaja próximo al mercado, describió el problema como una situación permanente. “Esto tiene a uno con el grito al cielo. Esa basura nos afecta y es peor cuando llueve; cuando esa basura no sabe para dónde ir esto se vuelve un caos“, afirmó.

El mal olor también forma parte de la rutina diaria. “Es un desastre. Ahí tiran hasta heces fecales. A veces sale un bajo de gente muerta“, relató Ricardo Torres, quien trabaja ofreciendo servicios de transporte en motocicleta.
Comer en medio de la basura
El deterioro no solo afecta la imagen urbana, en los alrededores del mercado decenas de comerciantes venden frutas, vegetales y víveres directamente sobre cartones, huacales o el pavimento, rodeados de desperdicios y vertederos improvisados. Otros preparan alimentos cocidos en medio de ese ambiente.
“Uno se acostumbra a todo, aunque no se sienta cómodo, pero por la sobrevivencia hay que hacer muchas cosas“, expresó uno de los vendedores consultados.

Marino Rosario, conocido como “Carita”, relató que incluso tuvo que pagar de su bolsillo para limpiar el espacio donde vende diariamente. “Tuve que darle 200 pesos a una persona para que limpiara porque lo encontré lleno de basura y mal olor“, contó.
Paradójicamente, el mercado levantado para eliminar el desorden terminó rodeado del mismo caos que buscaba resolver.

El Mercado Nuevo de la Duarte continúa siendo escenario de basura, contaminación, ventas improvisadas, congestión vehicular e insalubridad.
A pocos metros, el Mercado de Villas Agrícolas permanece cerrado, deteriorándose año tras año sin haber cumplido nunca la función para la que fue construido.
Catorce años después de concluida la obra, la inversión de 16 millones de dólares permanece inmovilizada en un edificio vacío, mientras la solución prometida para reorganizar uno de los principales centros de abastecimiento del país sigue siendo una deuda pendiente.