Las estadísticas suelen parecer números fríos hasta que comienzan a repetirse una y otra vez con un mismo patrón. Un joven sale de su trabajo al final de la tarde, toma una motocicleta o un vehículo para regresar a casa y se incorpora a una avenida congestionada de Santo Domingo, Santiago o San Cristóbal. Tiene entre 20 y 29 años y es hombre.
Desde la perspectiva de los registros oficiales, la juventud masculina pertenece al segmento de población con mayores probabilidades de resultar lesionado en un accidente de tránsito en República Dominicana.
Los datos agregados del Ministerio de Salud Pública (MSP), publicados por el Observatorio Permanente de Seguridad del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), muestran que durante 2026 se han registrado 30,826 personas lesionadas en accidentes de tránsito en el país. Del total, 21,692 corresponden a hombres y 9,134 a mujeres.
Traducido a una dimensión más fácil de visualizar, significa que siete de cada diez personas lesionadas son hombres. Incluso, al observar la relación entre ambos grupos aparece un dato todavía más revelador: por cada mujer lesionada hay aproximadamente 2.4 hombres heridos en accidentes de tránsito.
Pero detrás de esa diferencia surge una pregunta mayor: ¿qué está empujando a determinados grupos a concentrar el riesgo vial?
SANTO DOMINGO CONCENTRA LA MAYOR CANTIDAD DE LESIONADOS
Santo Domingo encabeza ampliamente las estadísticas nacionales con 10,583 lesionados. La cifra supera por amplio margen a otras provincias como La Vega, con 2,703; Santiago, con 2,316; San Cristóbal, con 2,154; y La Altagracia, con 1,348.
En términos estadísticos, el promedio nacional es de 963 lesionados por provincia. Esto significa que Santo Domingo registra más de once veces esa media nacional.
La diferencia es suficientemente amplia para indicar que la distribución de lesionados no ocurre de manera uniforme.
Las grandes concentraciones urbanas parecen actuar como escenarios donde se combinan múltiples factores: una mayor densidad poblacional, un elevado flujo vehicular, el crecimiento del parque automotor, la alta circulación de motocicletas, los desplazamientos laborales y una movilidad diaria cada vez más intensa.
Sin embargo, reducir el problema únicamente al tamaño poblacional sería una explicación incompleta.
LA EDAD TAMBIÉN MARCA EL RIESGO
Los jóvenes de 20 a 29 años representan el grupo más afectado, con 9,981 lesionados, equivalentes al 32.4 % del total nacional.
En otras palabras, prácticamente uno de cada tres lesionados pertenece a ese rango de edad.
Le siguen las personas de 30 a 39 años, con 6,383 casos, mientras que el grupo de 10 a 19 años registra 5,047 lesionados. La tendencia dibuja una curva clara: los accidentes y las lesiones se concentran principalmente en la etapa más activa de la vida productiva.
Ese grupo poblacional suele presentar mayores niveles de movilidad diaria por razones laborales, académicas y sociales. También coincide con edades en las que aumenta el uso de motocicletas y vehículos particulares, además de una mayor exposición al tránsito nocturno y a desplazamientos frecuentes.
LOS PATRONES AYUDAN A IDENTIFICAR EL RIESGO
Los datos no indican por sí solos las causas exactas, pero permiten identificar patrones.
La estadística moderna y las herramientas predictivas trabajan precisamente sobre esa lógica: no buscan únicamente describir lo ocurrido, sino identificar relaciones entre variables para anticipar escenarios futuros.
Por ejemplo, si una persona reúne determinadas características, ser hombre, pertenecer al grupo de 20 a 29 años y residir en una provincia con alta movilidad urbana, deja de pertenecer a un promedio general y comienza a formar parte de un perfil con condiciones particulares de riesgo.
No se trata de establecer que todos los hombres jóvenes sufrirán accidentes ni de asumir que una provincia grande genera automáticamente más lesionados. El punto es que determinados factores parecen acumularse y aumentar la exposición.
La inteligencia artificial y los modelos de análisis predictivo, como los utilizados en estudios estadísticos modernos, funcionan bajo esa lógica: observan simultáneamente edad, sexo, territorio, densidad poblacional y otros indicadores para determinar cuáles elementos poseen mayor influencia.
Y aunque detrás existen algoritmos complejos, la conclusión puede expresarse en términos simples: no todos los factores pesan igual.
La edad parece importar. El entorno geográfico también. Y el sexo continúa apareciendo como una variable dominante dentro de los registros.
LAS PROVINCIAS CON MENOS LESIONADOS
Las provincias con menores niveles de lesionados también ayudan a entender el panorama nacional.
El Seibo registró 52 casos; Independencia, 71; Bahoruco, 118; Dajabón, 119; y Pedernales, 127.
Las diferencias con las provincias altamente pobladas muestran un comportamiento desigual del fenómeno vial dominicano.
La pregunta que surge entonces es inevitable: ¿el país está observando únicamente los accidentes o está identificando sus señales previas?
La discusión sobre seguridad vial muchas veces se concentra en las consecuencias: el número de lesionados, fallecidos y estadísticas anuales. Sin embargo, las cifras sugieren que el problema podría abordarse antes de llegar a ese punto.
La identificación temprana de patrones permitiría focalizar campañas preventivas, reforzar la vigilancia en determinadas zonas, estudiar hábitos de movilidad y dirigir esfuerzos hacia grupos específicos de la población.
LOS NÚMEROS CUENTAN UNA HISTORIA QUE VA MÁS ALLÁ DE LAS CARRETERAS.
La historia que parecen revelar las estadísticas es la de una generación que se mueve más rápido, circula durante más horas y permanece más expuesta.
Y quizá el verdadero desafío no sea contabilizar cuántos dominicanos resultan lesionados cada año, sino entender por qué algunos grupos parecen encontrarse repetidamente en la trayectoria del riesgo.