Distintos expertos en diferentes ocasiones han calificado a Nicaragua como la Corea del Norte de Latinoamérica. En los últimos días, tanto el informe de V-Dem 2026 como el índice de democracia de la Unidad de Inteligencia de The Economist han colocado al país como el más cerrado y autocrático de América, compartiendo el sótano a nivel mundial con regímenes como Myanmar, Corea del Norte y Eritrea.
El Democracy Report 2026 del V-Dem Institute, de la Universidad de Gotemburgo, Suecia, coloca a Nicaragua en el puesto 175 entre 179 países en el Índice de Democracia Liberal. Su puntuación es de 0.02. En esa tabla solo aparecen peor Myanmar, Corea del Norte y Eritrea, mientras Afganistán queda apenas un escalón arriba o a la par, según el componente que se observe.
El informe V-Dem dice que en Nicaragua Daniel Ortega y el FSLN “socavaron la calidad de las elecciones, abolieron los límites a la reelección presidencial y cerraron o silenciaron a la oposición, a los medios y a las organizaciones civiles”. Añade que la Constitución aprobada en 2025 “cimentó aún más su poder”.
El índice de democracia 2025 de la Unidad de Inteligencia de The Economist, publicado esta semana, llega al mismo foso por otra ruta. Mide el deterioro acumulado desde 2011 hasta 2025. Y ahí Nicaragua aparece como el país que más ha empeorado en democracia en el mundo.
Su puntaje general es de 1.97, dentro de la categoría de “régimen autoritario”, y el desplome se concentra en tres zonas decisivas: procesos electorales y pluralismo, participación política y libertades civiles.

Corea del Norte de América Latina
La politóloga guatemalteca Gloria Álvarez advirtió este desplome desde 2017 cuando bautizó a Nicaragua como “la Corea del Norte de América Latina”.
Álvarez señalaba entonces los riesgos del “absoluto compadrazgo” entre el sector empresarial y el régimen, una sociedad de conveniencia que, a su juicio, bloqueó la aparición de élites con voluntad real de confrontar el poder.
Para Álvarez, Ortega aprendió de sus errores de los años ochenta y dejó de pelearse con todos a la vez. En vez de eso, negoció, cooptó y administró un orden de miedo más silencioso. Lo definió como un “dictador del socialismo del siglo XXI, pero con maestría y doctorado”.
La expresidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla reaccionó en términos similares cuando en 2021, Daniel Ortega y Rosario Murillo cerraron cualquier salida electoral a la crisis del país y apresaron a todos los candidatos de oposición y proscribieron los partidos políticos que les podían hacer competencia.
“Cada vez es más claro que Nicaragua es la Corea del Norte de América Latina, si no es que la está superando por creces en un régimen despótico, un régimen cargado también de nepotismo, claramente, y un régimen cada vez más aislado de la comunidad internacional”, expresó en esa ocasión en entrevista a la plataforma Confidencial.
Juan Pappier, subdirector para las Américas de Human Rights Watch, también hizo la comparación con la dictadura asiática en febrero pasado. “Hoy Nicaragua es la Corea del Norte de nuestro hemisferio, el país más represivo que hay en nuestra parte del mundo”, dijo.
Pappier señaló dos fenómenos nuevos incorporados en 2025: la Constitución que legalizó la concentración absoluta del poder en la presidencia compartida de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y la profundización de las denuncias de represión transnacional, incluida la muerte de Roberto Samcam en Costa Rica y los señalamientos del Grupo de Expertos de la ONU sobre acoso y persecución más allá de las fronteras.
Para el nicaragüense Douglas Castro, especialista en Ciencias Políticas, la comparación con Corea del Norte sirve para dimensionar el cierre del espacio cívico, aunque aclara que formalmente Nicaragua sigue celebrando elecciones multipartidistas y por eso algunos índices todavía no la catalogan como autocracia cerrada.

Considera que colocar a Nicaragua en esos listados le genera un sentimiento “positivo”. “Ayudan a darle magnitud real a lo que pasa”, dice. En Europa, agrega, se habla mucho de Viktor Orbán (Hungría) o de Recep Tayyip Erdogan (Turquía) como ejemplos de autoritarismo, pero “ya nos gustaría tener (en Nicaragua) la situación que tienen en Hungría o en Turquía”, ironiza.
Castro sostiene que Nicaragua ha rebasado incluso a otros autoritarismos latinoamericanos como el venezolano antes de 2026 y frente a la Cuba actual. En Cuba menciona a la periodista Yoani Sánchez y a 14ymedio. En Venezuela recuerda que todavía hay periodistas informando desde la calle y organizaciones de derechos humanos como Provea trabajando. En Nicaragua, en cambio, “los medios de comunicación independientes y los organismos de derechos humanos como el Cenidh o la Comisión Permanente de Derechos Humanos fueron pulverizados”.
Define al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo como “una dictadura dinástica con vocación totalitaria”. Considera que la dictadura de Nicaragua no es solo un problema de los nicaragüenses sino un peligro “para los vecinos, la región y el mundo” porque los comportamientos autoritarios, si tienen éxito, tienden a replicarse.
En ese mismo sentido, la expresidenta Chinchilla sostiene que la comunidad internacional está llamada a actuar. “Tenemos que tratar de hacer algo nosotros. Sí podemos actuar en apoyo a la sociedad civil nicaragüense incluyendo los medios de comunicación independiente y a todo tipo de organización a la que podamos amparar a través de nuestra voz y a través de algunas gestiones que podamos hacer”.

Ortega-Murillo vs. Kim
Los expertos coinciden en las siguientes comparaciones entre el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo con la dictadura de los Kim, en Corea de Norte:
1. Poder absoluto concentrado en una familia. En ambos casos, el Estado y el gobierno se confunden con una dinastía. En Corea del Norte, la línea Kim ha gobernado por tres generaciones. En Nicaragua, Ortega ha construido un esquema familiar donde Murillo ejerce poder ejecutivo real y se coloca como la heredera del poder mientras los hijos controlan medios, negocios y operadores políticos.
2. Eliminación total de la competencia política. No hay elecciones competitivas. En Nicaragua se cancelan partidos, se inhabilita o encarcela a candidatos y se expulsa a opositores. En Corea del Norte no hay vía institucional para disputar el poder.
3. Estado policial y vigilancia extendida. Ambos regímenes descansan en aparatos de seguridad que penetran la vida cotidiana. En Nicaragua, policía, inteligencia y estructuras parapoliciales vigilan, intimidan y detienen sin garantías. En Corea del Norte, la vigilancia es aún más total, con redes de informantes en barrios y centros de trabajo.
4. Criminalización del disenso. La crítica política se convierte en delito. En Nicaragua, leyes amplias sobre “traición”, “ciberdelitos” o “agentes extranjeros” permiten encarcelar a opositores, periodistas y sacerdotes. En Corea del Norte, cualquier desviación ideológica es castigada con prisión o campos de trabajo.
5. Propaganda omnipresente y culto al liderazgo. La comunicación oficial gira en torno a la figura del líder. Corea del Norte tiene un culto total a la familia Kim. Nicaragua, sin llegar a ese nivel de ritualización, ha construido una narrativa permanente alrededor de Ortega y, sobre todo, Murillo, con mensajes diarios, simbología y control del relato público.
6. Control o destrucción de medios independientes. En Nicaragua se han confiscado redacciones, cerrado radios y forzado al exilio a periodistas. El ecosistema informativo interno quedó prácticamente bajo control oficial. Corea del Norte no permite prensa independiente. En ambos casos, la ciudadanía recibe la versión de la realidad que el régimen quiere dar.
7. Aislamiento internacional progresivo. Corea del Norte es un caso extremo de aislamiento. Nicaragua no llega a ese nivel, pero se mueve en esa dirección: ruptura con organismos, expulsión de misiones internacionales, conflictos con gobiernos democráticos y acercamiento a aliados autoritarios. Es un aislamiento político, aunque no total en lo económico.
8. Uso del exilio como mecanismo de control. Expulsar ciudadanos o empujarlos a irse funciona como válvula de escape y castigo. Nicaragua ha desterrado a opositores, desnacionalizado críticos y provocado olas migratorias. Corea del Norte, en cambio, impide salir; pero cuando alguien escapa, la represalia alcanza a su familia. En ambos casos, el movimiento de personas es un instrumento de poder.
9. Sistema legal subordinado al Ejecutivo. No hay independencia judicial. Los tribunales en Nicaragua actúan alineados con el poder político en casos sensibles. En Corea del Norte, la justicia es abiertamente un brazo del régimen.
10. Economía capturada por el poder político. En Corea del Norte, el Estado controla la economía casi por completo. En Nicaragua existe sector privado, pero con creciente presión, confiscaciones selectivas y privilegios para grupos cercanos al poder.
11. Reescritura de la historia y control de la memoria. Ambos regímenes moldean el pasado para legitimar el presente. En Corea del Norte, la historia oficial es completamente fabricada alrededor de los Kim. En Nicaragua, hay un esfuerzo sistemático por borrar o reinterpretar episodios recientes, como las protestas de 2018.
12. Represión transnacional. Corea del Norte ha perseguido desertores en el extranjero. Nicaragua ha sido señalada por organismos internacionales de operar redes de vigilancia y presión más allá de sus fronteras contra opositores exiliados.
Enriquecimiento familiar
El sociólogo y economista nicaragüense, Oscar René Vargas, sostiene que este diseño de dictadura en Nicaragua, además del poder, busca el enriquecimiento de la familia gobernante.
“El régimen Ortega-Murillo ha logrado acumular una enorme riqueza bajo un esquema que politólogos califican de cleptocrático al borrar la frontera entre el poder público y los negocios privados, le ha permitido a su familia amasar una fortuna calculada en más de US$3,000 millones de dólares durante sus 20 años en el poder (2007-2026) en medio de proyectos inmobiliarios, donaciones, regalos, sobornos, maniobras financieras, lavado de dinero, evasión fiscal y corrupción. Igualmente, aprovecha el acercamiento con empresarios extranjeros, compañías mineras, madereras y agropecuarias para recibir sobornos en forma de regalos”, señala.
“Nunca en la historia nicaragüenses habíamos visto a una familia expandir su riqueza tan rápidamente. Nunca en la historia nicaragüense tan pocas personas han tenido tanta riqueza y poder. Nunca en la historia nicaragüense había habido niveles tan extremos de desigualdad de ingresos y riqueza, con el 1% superior ahora dueño de más riqueza que el 93% inferior de la población” añade.
Y concluye: “Nicaragua vive bajo un régimen autoritario, cleptocrático, violador de los derechos humanos y mafioso”.