Cada 14 de febrero el mundo celebra el amor. San Valentín se llena de flores, cenas románticas, declaraciones públicas y fotografías que proyectan relaciones perfectas. Es el día en que se exalta la complicidad, la pasión y la promesa de “para siempre”. Pero eso no es lo que diariamente viven muchas parejas. Detrás de las publicaciones en redes sociales, lejos de las cenas especiales y los regalos, en consulta psicológica se repiten conflictos que poco tienen que ver con el ideal romántico y mucho con la convivencia real.
La psicóloga clínica y terapeuta familiar y de pareja, Grismaldi Abreu, asegura que los principales problemas que enfrentan hoy las parejas dominicanas no siempre comienzan con una gran traición. Muchas veces inician en silencio.
La comunicación: el conflicto más frecuente
“La mayoría de los casos que recibo son por problemas de comunicación”, explica. No expresar necesidades, hablar desde el enojo, responder de forma defensiva o simplemente dejar de conversar crea una desconexión progresiva. El desgaste no ocurre de un día para otro; se construye en pequeñas omisiones diarias. Muchas relaciones no se rompen por falta de amor, sino por falta de diálogo efectivo.
Otro de los conflictos recurrentes es la violencia psicológica. Control excesivo, manipulación, desvalorización constante, burlas, aislamiento o humillaciones forman parte de dinámicas que, aunque normalizadas en algunos contextos, erosionan profundamente la relación. Cuando el respeto se pierde, el vínculo comienza a deteriorarse.
Infidelidad en la era digital
Las infidelidades siguen siendo una de las principales causas de ruptura. Sin embargo, el concepto ha evolucionado. No siempre se trata de contacto físico. La especialista advierte que el interés constante hacia otra persona, los mensajes privados, la atención emocional desviada o la interacción reiterada en redes sociales pueden convertirse en detonantes de conflicto. Las plataformas digitales han ampliado el terreno de la inseguridad y los celos.
Las diferencias en el manejo del dinero también generan fricción. Desacuerdos sobre gastos, prioridades financieras o responsabilidades económicas pueden convertirse en una fuente permanente de tensión.
A esto se suman incompatibilidades en proyectos de vida: uno quiere hijos y el otro no, uno desea emigrar y el otro prefiere estabilidad, uno prioriza crecimiento profesional mientras el otro busca seguridad inmediata. Cuando estas diferencias no se conversan con claridad, el conflicto se acumula.
Crisis o deterioro
No toda discusión es señal de ruptura. Existen crisis pasajeras provocadas por situaciones específicas: problemas económicos, nacimiento de un hijo, estrés laboral o enfermedad. La diferencia está en la disposición. Si ambas partes reconocen el problema y desean trabajarlo, la crisis puede fortalecer el vínculo. Pero cuando el conflicto es constante, el respeto desaparece, la comunicación es agresiva y una persona se siente mejor lejos que cerca, ya no se trata de una crisis. Se trata de un deterioro.
Entre San Valentín y la realidad existe una distancia que muchas parejas conocen bien. El amor no se sostiene con flores un día al año, sino con respeto, diálogo y compromiso cotidiano. Porque más allá de las fotos perfectas, las relaciones se construyen, o se rompen, en lo que ocurre cuando nadie está mirando.