16 de febrero de 2026

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Una muerte al día: el crimen se dispara en las marginadas ciudades árabes de Israel

Israel
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Arraba (Israel).- Mientras se disparan las muertes por la violencia criminal en las comunidades árabes de Israel, sus habitantes denuncian la inacción policial y viven su duelo aferrándose a la rutina diaria, marcada por el miedo constante a ser víctimas de las bandas que azotan el norte y el sur del país.

 «Oí disparos. Le dije a mi padre: ‘Escucha, son en nuestro barrio’. Veinte minutos después, mi sobrino vino a buscarme. Me dijo: ‘Tío, han disparado a Walid'», explica a EFE Wael Hetini, ciudadano de la localidad árabe musulmana Arraba (norte de Israel).

Su sobrino, Walid Jaled Hetini, fue asesinado a tiros en octubre de 2023, apenas un mes después de graduarse de sus estudios de Medicina. Tenía 25 años.

Su nombre es uno más entre las cientos de víctimas mortales registradas en la sociedad árabe en el último lustro, una cifra que no deja de crecer. Según datos de la oenegé judeo-árabe ‘Abraham Initiatives’, 252 personas murieron por violencia en 2025 y al menos 48 han perdido la vida en lo que va de 2026: una al día.

Hace décadas, la violencia que ocupaba los titulares en Israel se concentraba principalmente en la sociedad judía, con mafias encabezadas por clanes como los Abutbul o los Alperón. Hoy, el foco se ha desplazado a las comunidades árabes, donde proliferan la extorsión, los ajustes de cuentas y los casos de violencia de género.

La alta tasa de criminalidad en estas ciudades, exponentes de la desigualdad que sufren las comunidades palestinas en Israel, ha convertido este asunto en una «emergencia nacional», como afirmó el pasado jueves -tras el asesinato de cinco personas en solo 24 horas- el jefe de la policía Danny Levy, cabeza de un cuerpo al que se atribuye parte de la responsabilidad.

Ausencia de Estado

Hetini denuncia que el miedo se ha instalado en los hogares y ha transformado la vida cotidiana en las localidades ‘árabes’, nombre con el que se conoce en Israel a los palestinos y sus descendientes que permanecieron en el actual territorio israelí tras 1948, cuando 700.000 palestinos fueron expulsados de sus casas.

Hoy representan cerca del 20 % de la población del país y se concentran principalmente en el norte (con mayoría de drusos y palestinos) y en el sur (de población mayoritariamente beduina).

«Si bien las características de la delincuencia en el Néguev (sur de Israel) difieren en cierta medida de las del norte, el mismo panorama básico se repite en ambas zonas: la ausencia del Estado», explica a EFE Rawyah Handaqlu, fundadora y presidenta de Eilaf, centro dedicado a promover la seguridad en la sociedad árabe.

«En este vacío, el crimen organizado y la violencia se desarrollaron durante años, hasta que se convirtieron en la soberanía de facto sobre el terreno, afectando a todas las esferas de la vida: la economía, la administración pública, los negocios, el espacio cívico y la sensación básica de seguridad de las personas», agrega esta activista.

Los datos sobre la aplicación de la ley, sostiene Handuqlu, ilustran la magnitud de la crisis: la tasa de resolución de casos de asesinato en la sociedad árabe es de tan solo un 15 %, en comparación con aproximadamente el 65 % en la sociedad judía.

El panorama demográfico, añade, también es particularmente preocupante. En 2025, el 57,6 % de los asesinados en la sociedad árabe eran jóvenes de entre 18 y 30 años, y este año la tasa también ronda el 52 %.

«Esto significa que toda una generación está en la línea de fuego: jóvenes que se supone deben construir un futuro, estudiar, trabajar y formar una familia se están convirtiendo en las principales víctimas de la violenta realidad, una realidad que, lamentablemente, no interesa al Gobierno», se lamenta Rawyah.

Protestas pese a las amenazas

Wael insiste en que la violencia forma parte de la agenda de ministros ultraderechistas como Itamar Ben Gvir, titular de Seguridad Nacional y responsable de la Policía. «(El Gobierno) puede declarar la guerra en Gaza, puede hacerlo en Cisjordania, pero no puede hacerlo en el sector árabe, en las aldeas y ciudades árabes dentro de Israel», afirma.

En su lugar, sostiene Hetini, permite «la introducción de armas ilegales y drogas en abundancia para permitir que la gente se mate entre sí».

Esta situación le ha llevado a sumarse a las numerosas protestas y huelgas convocadas en las últimas semanas en distintos puntos del país, una exposición pública que, afirma, también lo ha puesto en la mira de las mafias que acabaron con la vida de su sobrino.

“Toda mi familia ha sido amenazada. Yo no tengo miedo, mi vida está en manos de Dios. Pero temo por mis hijas y mis hijos, que puedan ser asesinados a sangre fría”, reflexiona.

Pese a ello, insiste en denunciar la situación: «Si me callo, si todos los que han perdido a un ser querido guardan silencio, pasaremos de 200 a 2.000 asesinatos al año. Por eso seguiré intentando que mi voz llegue al mundo», concluye Hetini.