El fallecimiento del líder supremo Ali Khamenei, ocurrido durante los ataques militares de Estados Unidos e Israel, activó el mecanismo constitucional previsto en Irán para garantizar la continuidad del poder. En ese contexto, el régimen puso en marcha un consejo de liderazgo interino que dirigirá el país mientras se resuelve la sucesión.
El ayatolá Alireza Arafi, figura religiosa de alto rango, fue incorporado a este órgano transitorio. De acuerdo con la Constitución, el consejo ejercerá la conducción del Estado hasta que la Asamblea de Expertos, integrada por 88 clérigos chiíes, elija a un nuevo líder supremo conforme al artículo 111.
La estructura del consejo, tal como establece la carta magna iraní, incluye al presidente Masoud Pezeshkian, al jefe del poder judicial Gholamhosein Mohseni-Ejei y a un jurista designado por el Consejo de Guardianes. La presencia de Arafi aporta respaldo clerical al equipo encargado de gestionar esta etapa excepcional.
La misión del consejo es temporal: asegurar la estabilidad política y la administración del Estado hasta que concluya el proceso sucesorio supervisado por la Asamblea de Expertos. Khamenei, quien estuvo al frente del país durante 37 años, murió el sábado en su residencia oficial durante los ataques coordinados. Tras su muerte, las autoridades decretaron 40 días de luto nacional.
Desde el Consejo de Guardianes se afirmó que “no hay ninguna ambigüedad” en torno al procedimiento de sucesión y que la transición seguirá los mecanismos legales ya previstos, pese al clima de conmoción e incertidumbre. El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, definió la situación como “extraordinaria y crítica” y sostuvo que la conformación inmediata del órgano interino era clave para evitar vacíos de poder.
La ofensiva también dejó la muerte de altos mandos, entre ellos el jefe de inteligencia policial Gholamreza Rezaian, lo que ha incrementado la tensión interna.
El rol de Arafi y la estructura provisional
En esta fase de transición, el ayatolá Alireza Arafi desempeña un papel central al aportar legitimidad religiosa y sostén institucional al proceso. La supervisión de la sucesión recae en la Asamblea de Expertos.
Dentro del consejo, Pezeshkian representa al Ejecutivo, Mohseni-Ejei garantiza la autoridad judicial y el jurista del Consejo de Guardianes contribuye con el respaldo legal necesario durante este periodo excepcional.
La elección del próximo líder supremo corresponde exclusivamente a la Asamblea de Expertos, renovada tras los comicios de 2024 con mayoría conservadora. Es la segunda vez desde la Revolución Islámica que se activa el mecanismo constitucional de sucesión.
Reacciones ante el proceso sucesorio
En el exilio, la oposición encabezada por Reza Pahlavi, hijo del sah depuesto, celebró el fin del liderazgo de Khamenei. En declaraciones públicas, llamó a organizar “una gran celebración nacional” y exhortó a la población y a las fuerzas de seguridad a trabajar por “un futuro libre y próspero” para Irán.
Pahlavi afirmó que cualquier intento de prolongar el régimen estaría “condenado al fracaso desde el principio” y que un eventual sucesor no contaría con la legitimidad suficiente. También instó a las fuerzas de seguridad y al Ejército a alinearse con la “nación” para facilitar una transición estable, lo que ha intensificado la polarización en torno a la sucesión.
Mientras la oposición promueve la movilización y la comunidad internacional sigue de cerca los acontecimientos, las autoridades iraníes intentan proyectar control y continuidad institucional. Para quienes impulsan cambios, este momento podría convertirse en un punto de inflexión en la historia del país, aunque el desenlace inmediato sigue siendo incierto.