«Es un paso importante», dice el político Pablo Pérez, que asegura que el optimismo ya se nota en su ciudad natal, Maracaibo. «Se están vaciando los almacenes, reactivando las máquinas y las pequeñas y medianas empresas buscan personal», cuenta.
Hace tan solo una semana y media, el Gobierno venezolano dio un giro sorprendente, bajo la presión de Washington: con la Ley de Hidrocarburos, el sector petrolero se abrirá de nuevo a los inversionistas extranjeros.
Los planes equivalen a una pequeña revolución. Desde 1999, los socialistas venezolanos controlan la industria petrolera con mano dura. «Llegamos al siglo XXI con 26 años de retraso», afirma Pérez, que forma parte de la oposición en el Parlamento Nacional.
¿Un nuevo comienzo?
La nueva ley tiene como objetivo principal atraer de nuevo al país a las empresas extranjeras, explica José Guerra, profesor de Economía en la Universidad Central de Venezuela. Sin ellas no es posible: «PDVSA (Petróleos de Venezuela) está en bancarrota y ya no puede invertir», afirma.
En el futuro, las empresas privadas podrán adquirir concesiones petroleras y comercializar el petróleo extraído de forma independiente. A cambio, pagarán impuestos y tasas, aunque considerablemente reducidos.
El sistema ya funcionaba de manera similar antes del régimen socialista: el Estado concedía licencias y empresas privadas como ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips, y empresas europeas, como ENI o Repsol se encargaban de la extracción y el comercio.
Sin embargo, a partir de 2007, el gobierno comenzó a llevar a cabo expropiaciones masivas, disuadiendo a los inversionistas. Como consecuencia, Estados Unidos impuso sanciones que restringieron las exportaciones a ese país norteamericano, que durante mucho tiempo había sido el principal mercado. Venezuela se orientó cada vez más hacia China.
Seguridad jurídica, factor decisivo
Las nacionalizaciones siguen afectando al clima de inversión hasta el día de hoy. A esto se suma que Venezuela dispone principalmente de petróleo pesado, cuya extracción es costosa y solo resulta rentable cuando los precios del petróleo son elevados.
La incertidumbre política también tiene un efecto especialmente disuasorio. Y es que el régimen de Caracas no está reconocido internacionalmente.
El destacado economista venezolano Ricardo Hausmann, de la Universidad de Harvard, declaró en el Foro Económico Mundial de Davos a mediados de enero que una ley de un Gobierno sin reconocimiento político no genera confianza a largo plazo.
«¿Quién firmará un contrato con un país en el que los derechos de propiedad son tan poco claros?». Por eso, no cree que la industria petrolera pueda volver a florecer bajo los actuales gobernantes.

Estados Unidos intenta contrarrestar estas preocupaciones. Tras la detención de Nicolás Maduro a principios de enero, Washington respalda a la presidenta interina, Delcy Rodríguez.
El texto de ley también establece que las disputas pueden resolverse ante tribunales internacionales de arbitraje, una exigencia fundamental de las empresas. Por ello, Guerra se muestra optimista: la producción petrolera venezolana podría aumentar entre 300.000 y 400.000 barriles diarios este año.
¿Regresarán los venezolanos exiliados?
El proveedor de servicios de datos Kpler considera realista un aumento de alrededor de 150.000 barriles diarios a corto plazo. Para 2028, la producción podría aumentar a unos 1.800.000 barriles, lo que supondría 800.000 más que en la actualidad. Sin embargo, los expertos consideran poco realista que Venezuela pueda sustituir así las exportaciones de petróleo ruso a China. Además, se necesitarían inversiones anuales de decenas de miles de millones.
Chevron confirmó a DW que seguirá operando en Venezuela. ENI y Repsol no respondieron a este medio. Sin embargo, el economista José Guerra advierte que para lograr un repunte sostenible se necesita algo más que la nueva ley. El suministro eléctrico es poco confiable, la contaminación ambiental alrededor de los pozos y los campos petroleros es inmensa, y la falta de personal es grave. Alrededor de ocho millones de personas han abandonado el país bajo el gobierno socialista, casi una cuarta parte de la población total.
Ricardo Hausmann destacó en Davos que Venezuela solo podría volver a prosperar si los venezolanos exiliados regresaran. «Pero ahora no es el momento de volver a casa», apuntó Hausmann. Mientras el régimen siga reprimiendo a la oposición y restringiendo los derechos, la economía no se recuperará.
¿La apertura fortalece al Gobierno?
Queda por ver si la apertura del sector petrolero no terminará fortaleciendo indirectamente al controvertido Gobierno socialista. El hecho de que Caracas presente un texto legislativo favorable a los inversionistas tan poco tiempo después de la detención de Nicolás Maduro apunta a una estrecha coordinación entre Estados Unidos y el Gobierno de Delcy Rodríguez.
Sin embargo, el político opositor Pablo Pérez se mantiene optimista. Espera que la economía se recupere un poco gracias al petróleo. Pero incluso entonces, la gente seguirá exigiendo elecciones libres. «La gente está harta después de 27 años». Venezuela se encuentra en una fase de transición, afirma. El siguiente paso debe ser la celebración de elecciones libres y justas. «Eso podría reforzar realmente la confianza y atraer a los inversionistas al país», concluye.