2 de febrero de 2026

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Entre la calle y la rehabilitación: el rostro joven de la adicción a las drogas en República Dominicana

drogas
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Aunque los jóvenes están destinados a estudiar y hacer futuro, existe una gran cantidad de adolescentes dominicanos sumergidos en el mundo de las drogas mucho antes de tener contacto con las aulas.  El oscuro camino que te lleva a la adicción, ante la supuesta necesidad de obtener dinero fácil para vivir una vida digna, pero incierta.

Así lo testifica Alex, nombre ficticio para proteger su identidad, quien a sus 16 años se involucró en el negocio de las ventas de sustancias ilícitas con el fin de darle un giro a su estilo de vida, caracterizada por la precariedad.

“Cuando yo era niño era muy difícil, porque mi mamá hacía lo que fuera para mantenernos, pero no podía darnos todos los gustos, y eso me quillaba porque yo veía a los otros niños con de todo y yo sin na”, manifestó Alex.

Aunque su deseo nunca fue comercializar drogas, sino más bien, ser un profesional que aportara a la sociedad, pero su realidad y la presión social los motivaron a encaminarse por un callejón sin salida.

calle 42

Calle 42 de Capotillo, lugar que vio nacer a Alex

Alex es el segundo de cuatro hermanos, hijo de una madre soltera, quien procreó sus hijos con diferentes padres, los cuales posteriormente la abandonaron. “Cuando yo era niño era muy difícil, porque mi mamá hacía lo que fuera para mantenernos, pero no podía darnos todos los gustos, y eso me quillaba porque yo veía a los otros niños con de todo y yo sin na”, narra.

La presión social lo empujó a su primer contacto con la droga, al principio pensó que solo sería una sola vez, un solo transporte sin saber que ese día cambiario su vida.

“Me dieron una funda negra que yo sabía que tenía droga, me dijeron dónde tenía que llevarla y me dieron 50 pesos para el motor. Yo eché la funda en mi mochila de la escuela, me monté en el motor, la llevé a donde me dijeron y volví. Ese día me dieron 300 pesos, menos de lo que yo esperaba, pero algo era algo”.

El joven continuó en la escuela hasta los 15 años, tiempo en el cual alternaba sus clases con el traslado de pequeños paquetes de droga y con la función de campanero (menores instrumentalizados por estructuras de microtráfico, utilizados para alertar sobre la llegada de la Policía). En esa nueva etapa, Alex ya obtenía ingresos del microtráfico, pero estos no eran suficientes para las ambiciones que había desarrollado. 

OPERATIVO

Solo en 2022, unas 30,875 personas fueron apresadas por delitos relacionados con drogas por la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), de las cuales el 54.9 % eran jóvenes entre 18 y 35 años de edad.

Impulsado por su necesidad de encajar y de obtener mayores ingresos, Alex comenzó a guardar paquetes de droga en su casa, a escondidas de su madre, ya que esta modalidad le ofrecía más dinero y mayor seguridad.

“Yo duré como un año y dos meses guardándola, pero tenía miedo de que mi mamá se diera cuenta, porque ya ella me había preguntado de dónde salía el dinero y varias personas le habían dicho que yo estaba haciendo coros malos. Hasta que un día ella la encontró y me dio. Yo le dije que no volvería a hacerlo, pero era mentira. Entonces le pedí al del punto que me diera trabajo y así empecé a vender de vez en cuando”.

De acuerdo con informes de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), el microtráfico es la principal puerta de entrada al narcotráfico para jóvenes en situación de pobreza extrema. No requiere inversión inicial ni experiencia previa, y obtener un puesto resulta relativamente fácil en zonas de bajos recursos.

Debido a este nuevo “trabajo”, Alex decidió dejar la escuela y dejar de escuchar los consejos de su madre. Según datos del Ministerio de Educación, la deserción escolar en zonas vulnerables supera el 50 % antes de concluir el bachillerato. Como vendedor, Alex pudo comenzar a darse los gustos que pensaba necesitar y, al cumplir 17 años, ya formaba parte activa del microtráfico.

La otra cara de la moneda

Edygar torres


Edygar Torres
 tenía 19 años cuando probó droga por primera vez. No provenía de un entorno de exclusión ni de carencias extremas. Había nacido y crecido en Valverde Mao, dentro de una familia reconocida en la comunidad. Su madre era catedrática universitaria y fue criado por un padrastro respetado en su entorno.

El primer contacto con las drogas ocurrió en 1999, durante una fiesta, explica que al igual que Alex fue la presión social que abrió la puerta. Un amigo le ofreció cocaína y le prometió una sensación de placer que lo haría sentirse “heavy”.

RANGO

Según la Encuesta Nacional sobre Uso y Consumo de Drogas, en el caso de la marihuana y el éxtasis, los jóvenes comienzan a utilizar estas sustancias entre los 12 y 15 años, mientras que quienes consumen cocaína, crack y morfina suelen iniciarse a los 15 años.

Al principio, el consumo de Edygar fue esporádico: cada quince días, quizá dos o tres veces al mes, siempre acompañado de la misma persona. Sin embargo, seis meses después cruzó otra línea y comenzó a comprar la droga por cuenta propia. El consumo se volvió progresivo y pronto no podía pasar un solo día sin drogarse.

Durante cuatro o cinco años, la adicción escaló hasta su punto más alto. Su familia lo dio por perdido. Terminó en la calle, pasando semanas sin bañarse, pidiendo dinero y abusando de la confianza de quienes lo conocían. Nunca robó ni cayó preso, aclara, pero pedía dinero prestado y jamás lo devolvía, incluso a compañeras de trabajo de su madre, a quienes llamaba de noche.

La probabilidad de quedar enganchado en el consumo de drogas es de 1.61 %, lo que evidencia el nivel de preocupación por el uso de sustancias tóxicas en el país. Las estadísticas de la UNODC señalan que el 0.68 % de la población dominicana entre 15 y 64 años consume marihuana, lo que equivale a más de 300,000 personas.

En 2009, diez años después de haber comenzado a consumir, Edygar conoció por primera vez Hogar Crea, donde buscó orientación y luego fue trasladado a la central del Cibao. Allí ingresó y permaneció casi dos años en tratamiento. En 2011 logró rehabilitarse. Sin embargo, seis años después, en 2017, volvió a recaer. El proceso de recaída duró casi dos años, hasta que en 2019 regresó nuevamente a Hogar Crea.

En República Dominicana, los centros de rehabilitación reportan un persistente abuso de sustancias entre la juventud, con mayor impacto en el género masculino. Los datos actuales de Hogar Crea Dominicano confirman esta tendencia. El alcohol y el tabaco, seguidos de la marihuana, son las sustancias de inicio más comunes entre los pacientes atendidos en las 41 residencias ubicadas en distintas localidades del país. Sin embargo, la droga ilícita con mayor impacto es el crack, que representa el 60 % de los ingresos por adicción.

Julio Manuel Diaz Capellan

El presidente de Hogar Crea Dominicano, Julio Manuel Díaz Capellán, advierte que en los últimos diez años el consumo de sustancias ilícitas entre adolescentes y jóvenes ha aumentado de manera alarmante.

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De las 4,027 personas ingresadas en Hogar Crea, 48 son menores de edad, 288 mujeres y 3,647 hombres.

Tratamiento

francis baez

La psiquiatra y especialista en adicciones Francis Báez explica que el vínculo entre drogas y actividades ilegales responde, en muchos casos, a una lógica económica simple: el dinero rápido. La venta de estupefacientes resulta mucho más rentable que cualquier actividad lícita informal, especialmente en contextos de pobreza. Pero advierte que este fenómeno no se limita a los barrios marginados. En la clase media, el consumo aparece como una extensión del acceso; en la clase alta, como una combinación de moda, presión social y vacíos afectivos.

Según Báez, la diferencia central entre clases sociales no está en el consumo, sino en el rol que cada joven ocupa dentro del circuito de la droga. En ambos casos, subyace una misma pulsión: no quedarse atrás, no verse menos, competir simbólicamente con otros de la misma edad, aun cuando eso implique romper normas, cruzar límites legales o desarrollar conductas antisociales. La especialista advierte que en los próximos cinco años entre un 15 % y un 20 % de la juventud dominicana podría presentar algún trastorno psiquiátrico asociado al consumo de sustancias.

Frente a este panorama, el tratamiento de las adicciones no puede reducirse a la abstinencia ni a la medicalización aislada. La atención efectiva, coinciden los especialistas, requiere un abordaje integral que combine evaluación psiquiátrica, acompañamiento psicológico y procesos terapéuticos sostenidos. El consumo de sustancias altera funciones cerebrales vinculadas al juicio, la toma de decisiones y el control de impulsos, por lo que la rehabilitación implica reconstruir capacidades emocionales y sociales que han sido erosionadas durante años.

MAX

Desde la mirada sociológica de Jaime Max, el consumo y la venta de drogas no comienzan en la esquina, sino en la casa. La descomposición familiar, hogares marcados por conflictos constantes, carencias económicas y ausencia de vínculos afectivos, empuja a muchos niños y adolescentes a pasar más tiempo en la calle, donde se produce una “presocialización” del consumo: primero alcohol y cigarrillos, luego marihuana y, más adelante, sustancias de mayor impacto. En ese tránsito, el barrio se convierte en un espacio de aprendizaje informal donde el consumo se normaliza y la droga aparece no solo como escape a la depresión o la frustración, sino como una solución inmediata frente a necesidades no satisfechas.

CUIDADES

Los barrios pobres son zonas de alta tolerancia, como La 42 de Capotillo, Gualey y Guachupita, donde el consumo de drogas se ha vuelto parte de la cotidianidad.

Hoy Edygar acumula siete años libre de consumo. No solo logró rehabilitarse: actualmente forma parte del equipo de Hogar Crea en el área de relaciones públicas. Recorre universidades, escuelas, liceos, empresas, emisoras y canales de televisión impartiendo charlas de prevención. Cree firmemente que la clave está en evitar el primer consumo. “Si logramos que no prueben por primera vez, evitamos todo lo demás”, sostiene.

A los jóvenes que hoy consumen drogas les habla sin adornos. Afirma que la droga no hace a nadie fuerte ni “cool”, sino débil, dependiente y frágil. Insiste en que el sufrimiento no es solo del adicto, sino también de toda su familia: hijos, parejas y madres. Y advierte que la idea de que “se deja cuando se quiere” es una mentira peligrosa. Para rehabilitarse, asegura, primero hay que reconocerse adicto. Sin ese convencimiento, no hay tratamiento posible.

Alex todavía se para en una esquina y Edygar ahora se para frente a un aula. Entre uno y otro hay años perdidos entre consumos y recaídas, pero también hay una verdad más sencilla que muchas veces nadie nota y es que si el futuro hubiera llegado antes que la primera dosis, quizás ninguna de estas historias estaría siendo contada hoy.

Línea de ayuda

Si usted o algún familiar atraviesa un proceso de drogadicción, puede buscar orientación y ayuda profesional a través de las líneas de apoyo disponibles. El Consejo Nacional de Drogas ofrece asistencia en el número (809) 221-4747 y  Hogar Crea Dominicano a través del (809) 221-1413. Buscar ayuda a tiempo puede marcar la diferencia.