30 de septiembre de 2026

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Sale a la luz el audio de Daniel Sancho pidiendo 100.000 euros a su madre para ‘comprar’ a los jueces

Daniel Sancho
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Un DIARIO Español ha accedido en exclusiva a la conversación telefónica entre Daniel Sancho y su madre, Silvia Bronchalo. En ella, el español, desesperado, le suplica que mueva 100.000 euros a Tailandia para salir de la cárcel bajo fianza e influir en quien juzga su caso. Desde la prisión, Sancho le explica que una tal Alice en Tailandia le ha propuesto comprar un terreno a unas personas «muy especiales» y ofrecerlo como garantía para obtener la libertad provisional. La conversación tuvo lugar el 4 de octubre de 2025 y el tiempo apremia para Sancho, quien le dice a su madre que, si todo sale bien, «el 15 de noviembre está afuera».

El acuerdo incluye que el dueño del terreno, «lo más alto que se puede llegar», según Sancho, mueva los hilos para que el caso pase a manos de jueces afines. En toda la conversación no hay un solo gesto de humanidad hacia Edwin Arrieta. Cuando su propia madre le plantea que quizá habría ayudado pagar parte de la indemnización a la familia, él corta en seco: «Olvidémonos del pasado». El audio desvela cómo Sancho, con un perfil marcadamente manipulador y narcisista, engatusa a su madre para que ponga en sus manos los ahorros de toda una vida.

Silvia.- «A ver, yo tengo un dinero, sí, Daniel… Tengo ciento y algo».

Daniel.- «Estamos dentro. Lo puedes mover a Tailandia».

Silvia.- «A ver, se puede mover, pero es complicado, Dani, porque fiscalmente tú no puedes hacer una transferencia de 100.000 euros a otro país, a otra cuenta, ¿sabes?».

Daniel.- «No, no, no, pero da igual. Lo único que hace falta es que vean que lo estás haciendo (…). La cosa es que vengas a Tailandia, mamá, por favor (…). Me sacas de aquí. Para el 15 de noviembre estoy fuera si hacemos esto».

Silvia.- «Esto es para una fianza porque estando allí no se puede pedir fianza, Dani».

Daniel.- «No me dan la fianza a menos que sea de esta manera, mamá. Es de esta manera. Y lo bueno es que es una tierra (…). Va a ser A., durante los próximos cuatro años, porque esto va a ser un proceso de cuatro años (…). Y durante esos cuatro años van a seguir siendo mis abogados y papá les va a seguir pagando».

«Que vean que vamos en serio»

El plan descabellado que Sancho describe a su madre tiene varias fases. El preso español lleva meses dándole vueltas al asunto. Primero, Silvia Bronchalo debía demostrar que tenía el dinero y que lo estaba trasladando a una cuenta a su nombre en Tailandia. Según Daniel, bastaba con que «vean que vamos en serio» antes de una fecha límite en torno a los días 9 y 10.

Como la madre le advierte que una transferencia de ese tamaño fuera de la Unión Europea alertaría al Banco de España, él le propone fraccionarla: «Te empiezas a mover: 9.000 euros, 9.000 euros, 9.000 euros». Después vendría la compra del terreno. Como la ley tailandesa impide a un extranjero ser propietario, el terreno quedaría a nombre de la tal Alice. Sancho le promete a su madre que estaría en la calle «como tarde» el 15 de noviembre.

«Por favor, mamá, haz esto por mí»

Daniel.- «Mamá, por favor, por favor, haz esto por mí, por favor, confía en mí».

Silvia.- «Yo no te estoy diciendo que no lo vaya a hacer, Daniel (…). Pero lo que quiero tener claro es que esto no es algo ilegal que nos pueda perjudicar a todos, que te pueda perjudicar más a ti, amor».

Daniel.- «No, no, no, en absoluto no es ilegal. Es comprar una tierra. Por eso necesito que vengas este lunes a Tailandia, mamá».

Silvia.- «¿La persona a la que compramos la tierra?».

Daniel.- «La persona a la que compramos la tierra nos va a hacer un favor. Va a susurrar en el oído de X personas para que esto ocurra. ¿Sabes?».

Tras suplicar y rogar a su madre, exigiéndole que le entregue todos sus ahorros, Sancho se pone misterioso. Insiste en que es una operación legal pero está hablando de comprar voluntades para influir en los jueces de Tailandia.

Silvia.- «¿Y qué persona es esa, Dani?».

Daniel.- «No te lo puedo decir por aquí. Pero es lo más alto que se puede llegar (…). Susurran en el oído de quien tienen que susurrar para que el caso pase a manos de quien tiene que pasar».

Sancho insiste en que todo debe hacerse en el «máximo secreto»: «Tú, Alice, Kaiser (otro interno) y yo. Ya está». Le pide a su madre que no hable del asunto por teléfono y que viaje de inmediato a Tailandia para cerrarlo en persona. Es Silvia quien pone las dudas sobre la mesa: si la operación es legal, quién es realmente el dueño del terreno y qué garantías hay de no perder unos ahorros de «muchos años». Él las despacha una y otra vez con la misma frase: «Confía en mí».

Silvia.- «Vale, Dani, pero ¿por qué no se ha hecho antes?».

Daniel.- «Porque parecía que íbamos a ganar sin tener que hacer nada. Pero me han jodido, ¿vale? Todo indicaba que íbamos a ganar sin tener que hacer nada de esto. Entonces ahora lo vamos a tener que hacer. Es por eso. Hemos intentado ganar por las buenas, pues ahora hay que ganar por las malas».