Corea del Norte calificó este lunes como una “amenaza” para su seguridad los ejercicios militares que Estados Unidos, Corea del Sur y Japón tienen previsto realizar en septiembre, al tiempo que acusó a Washington de mantener una política hostil contra Pyongyang.
La advertencia se produce en momentos en que el presidente estadounidense, Donald Trump, intenta abrir nuevamente la puerta al diálogo con el líder norcoreano, Kim Jong Un, pese a las persistentes tensiones por el programa nuclear de Corea del Norte y las maniobras militares de Washington y sus aliados en la región.
Los tres países realizarán el ejercicio Freedom Edge del 7 al 11 de septiembre en aguas internacionales al este y al sur de la isla surcoreana de Jeju. Corea del Sur sostiene que las maniobras tienen un carácter defensivo y buscan fortalecer la capacidad conjunta frente a amenazas nucleares y de misiles.
Freedom Edge se celebró por primera vez en junio de 2024, luego del acuerdo alcanzado por los líderes de Estados Unidos, Corea del Sur y Japón durante la cumbre de Camp David de 2023.
Pyongyang acusa a Washington de provocación
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Corea del Norte aseguró, en un comunicado difundido por la agencia estatal KCNA, que las maniobras representan una amenaza no solo para territorio norcoreano, sino también para otros países de la región.
Pyongyang acusó además a Estados Unidos de realizar actividades de “espionaje aéreo” y otras provocaciones militares, y sostuvo que las acciones de Washington demuestran que la administración de Trump mantiene lo que calificó como una política hostil contra el país.
El Gobierno norcoreano afirmó que esa postura amenaza su soberanía, sistema político e intereses de seguridad, argumentos que volvió a utilizar para justificar el desarrollo y mantenimiento de su arsenal nuclear.
Según el portavoz de Exteriores, las armas nucleares norcoreanas constituyen una garantía para proteger la soberanía del país y representan, desde la perspectiva de Pyongyang, una respuesta ante la presencia militar estadounidense en la península de Corea y sus alrededores.
Gestos de Trump no reducen las tensiones
Las declaraciones se producen pocos días después de que Estados Unidos y Corea del Sur concluyeran anticipadamente el ejercicio anual Ulchi Freedom Shield, después de que Trump ordenara reducir su duración de 11 a cinco días.
El mandatario estadounidense justificó la decisión por el costo de las maniobras y por considerar que su reducción podía favorecer sus esfuerzos por retomar el diálogo con Kim Jong Un, con quien mantiene interés en celebrar un nuevo encuentro.
Sin embargo, hasta ahora Corea del Norte ha mostrado pocas señales de acercamiento. Pyongyang ha continuado con sus lanzamientos de misiles y ha condenado tanto los ejercicios militares conjuntos como las ventas de armas estadounidenses a Corea del Sur.
El Gobierno norcoreano también ha criticado los planes de Washington de financiar programas destinados a documentar las violaciones de derechos humanos en Corea del Norte, otro de los asuntos que mantienen enfrentadas a ambas partes.
La nueva disputa por Freedom Edge evidencia así que, pese a los intentos de Trump de reducir algunas maniobras y reactivar los contactos con Kim, las diferencias sobre el programa nuclear norcoreano y la presencia militar estadounidense en la región continúan bloqueando un acercamiento entre Washington y Pyongyang.