China acusó este lunes a Estados Unidos de utilizar políticamente el tema del trabajo forzoso para justificar la imposición de nuevos aranceles a las importaciones procedentes de decenas de países, una medida que calificó como unilateral y proteccionista.
Un portavoz del Ministerio de Comercio chino afirmó que Washington ha recurrido durante años a este argumento con fines políticos y criticó la reciente decisión de imponer gravámenes adicionales bajo esa justificación.
La medida, anunciada el pasado viernes por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), establece nuevos aranceles a productos importados desde 60 países y regiones, alegando que estas economías no han adoptado medidas suficientes para impedir el ingreso de bienes producidos mediante trabajo forzoso.
Las nuevas tarifas contemplan un arancel adicional del 10 % para un grupo de economías y del 12.5 % para otro, en el que figuran China continental y Hong Kong.
El portavoz recordó que, durante las consultas económicas bilaterales, Estados Unidos se comprometió a que los aranceles aplicados a productos chinos no superarían el 20 %. Asimismo, indicó que las contramedidas adoptadas por Pekín frente a la primera ronda de aranceles relacionados con el fentanilo y otras medidas comerciales continúan vigentes.
“China seguirá de cerca la evolución de las acciones de Estados Unidos, evaluará sus próximas decisiones y se reserva el derecho de adoptar todas las medidas necesarias”, señaló el funcionario, quien además instó a Washington a corregir lo que calificó como prácticas erróneas.
El Gobierno chino ya había expresado su rechazo a los nuevos gravámenes a través del portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Lin Jian, quien reiteró que las guerras comerciales y arancelarias no benefician a ninguna de las partes.
Las tensiones comerciales entre las dos mayores economías del mundo alcanzaron su punto más alto el año pasado, cuando ambos países llegaron a imponerse aranceles superiores al 100 %, generando un embargo comercial de facto antes de alcanzar posteriores treguas.
Pese a ello, la relación bilateral continúa marcada por diferencias en temas como los aranceles, los controles tecnológicos, las tierras raras, Taiwán y las restricciones a empresas chinas. No obstante, ambos gobiernos mantienen abiertos los canales de diálogo económico tras la visita de Estado realizada por el presidente estadounidense, Donald Trump, a China en mayo, donde sostuvo reuniones con el mandatario Xi Jinping.