13 de julio de 2026

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Administración de Donald Trump retoma tradición geopolítica de EE. UU. y la radicaliza

Administracion de Donald Trump retoma tradicion geopolitica de EE. UU. y la radicaliza
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 Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla de anexar o comprar Canadá, Groenlandia o Venezuela y convertirlos en estados de la Unión; cuando arremete contra la OTAN; cuando bombardea a Irán y asume el control del estrecho de Ormuz, o cuando interviene para frenar la influencia de China y el socialismo en la región, en realidad retoma prácticas aplicadas por otros mandatarios estadounidenses, aunque con métodos más agresivos y un discurso más confrontacional.

En ese sentido, Trump no está creando una nueva geopolítica desde cero. La historia demuestra que otros presidentes impulsaron iniciativas similares, aunque en contextos distintos.

El regreso de la Doctrina Monroe: “América para los americanos” resume el principio que inspiró la Doctrina Monroe, proclamada por el presidente James Monroe en 1823, mediante la cual estableció que las potencias europeas no debían intervenir en el continente americano.

Ese mismo año, antes de que la doctrina fuera proclamada, el expresidente Thomas Jefferson escribió desde Monticello una carta dirigida a Monroe, conocida como la Carta de Monticello, en la que respaldó una postura firme frente a las potencias europeas.

En esa correspondencia, Jefferson sostuvo que: “América tiene un hemisferio para sí misma”, una idea que posteriormente quedó sintetizada en la Doctrina Monroe bajo el principio de “América para los americanos”.

La carta planteaba que Estados Unidos debía impedir que Europa recuperara influencia sobre el continente y, al mismo tiempo, mantenerse al margen de los conflictos europeos.

Trump retoma ese principio, pero el adversario principal ya no es Europa, sino China, Rusia e Irán dentro del hemisferio occidental. Su administración observa con recelo a los gobiernos que mantienen afinidad con esas potencias. Incluso, algunos analistas hablan de un “Corolario Trump” o una “Doctrina Monroe 2.0”, orientada a reafirmar la primacía estadounidense en América en los ámbitos político, económico y estratégico. En el plano económico, esa estrategia se refleja en la imposición de aranceles como mecanismo de presión internacional.

LA EXPANSIÓN TERRITORIAL

Las propuestas de Trump sobre Groenlandia y Canadá pueden parecer novedosas para las generaciones más jóvenes, pero tienen antecedentes históricos.

Thomas Jefferson impulsó la compra de Luisiana; Andrew Johnson adquirió Alaska a Rusia, y Harry S. Truman ofreció comprar Groenlandia en 1946.

Trump revive esa tradición al insistir en la adquisición de Groenlandia y sugerir, aunque en ocasiones en tono de broma, la anexión de Canadá y Venezuela, argumentando razones vinculadas con la seguridad nacional, los recursos estratégicos y el control del Ártico.

En el caso de Venezuela, sostiene que la presión ejercida sobre el gobierno de Nicolás Maduro ha transformado el escenario político.

También afirma que Diosdado Cabello, quien anteriormente mantenía un discurso permanente contra Estados Unidos y Trump, ha desplazado su atención hacia confrontaciones con el presidente colombiano Gustavo Petro, quien anteriormente fue considerado un aliado político.

PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO ESTRATÉGICO ESTADOUNIDENSE

Desde la Segunda Guerra Mundial, prácticamente todos los presidentes estadounidenses han protegido activos considerados estratégicos. Trump amplía ese concepto al incorporar los minerales críticos, las tierras raras, las rutas marítimas del Ártico, las bases militares y la seguridad energética.

El interés por Groenlandia responde, según diversos analistas, a esos factores y a la competencia estratégica con China y Rusia.

El periodista Jonathan Josephs, de la BBC, informó que el Gobierno de Estados Unidos busca convertirse en el principal accionista de la única mina de tierras raras actualmente en operación en ese país.

Asimismo, anunció nuevas medidas para garantizar el futuro de la operación minera de Mountain Pass, en California.

Los minerales de tierras raras son fundamentales para el desarrollo de tecnologías modernas, entre ellas vehículos eléctricos, turbinas eólicas y equipos de defensa.

El acceso a estos recursos constituye uno de los principales puntos de tensión dentro de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, debido a que Pekín controla aproximadamente el 90 % de la capacidad mundial de producción.

En ese contexto, MP Materials, propietaria de la mina de Mountain Pass, alcanzó un acuerdo con el Departamento de Defensa de Estados Unidos con el propósito de reducir la dependencia estadounidense de las importaciones de tierras raras.

LA PRESIÓN SOBRE LA OTAN

Recientemente, Donald Trump afirmó ante líderes occidentales, durante la cumbre del G7, que la OTAN es tan perjudicial como el TLCAN, el acuerdo comercial norteamericano que ha cuestionado reiteradamente.

El medio internacional SWI reseñó que esas declaraciones incrementaron la preocupación entre los aliados atlánticos ante la posibilidad de una cumbre marcada por nuevas tensiones con el mandatario estadounidense.

La reunión del G7, celebrada en Quebec a principios de junio, mostró a un Trump aislado en varias de sus posiciones, especialmente frente a los líderes de las otras seis principales economías democráticas en materia comercial.

España fue uno de los países más cuestionados por Trump, quien endureció sus críticas sobre la relación comercial bilateral.

Aunque la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha intentado evitar confrontaciones directas, tampoco ha escapado de los cuestionamientos del mandatario estadounidense.

En ese aspecto, Trump continúa una línea iniciada por otros presidentes, aunque con un tono considerablemente más severo. Dwight D. Eisenhower advertía sobre el reparto desigual de las responsabilidades de defensa, mientras que Barack Obama pidió a Europa aumentar su gasto militar.

Trump llevó esa presión a un nivel superior al exigir mayores aportes de los aliados y cuestionar el compromiso estadounidense con aquellos países que no incrementaran su inversión en defensa. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 mantiene esa orientación.

LA MIGRACIÓN COMO ASUNTO DE SEGURIDAD NACIONAL

Trump convirtió la inmigración irregular en uno de los ejes centrales de su política de seguridad nacional. Su estrategia contempla el fortalecimiento del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), el aumento de las deportaciones, un mayor control fronterizo y más presión sobre los países latinoamericanos.

Durante su administración, el ICE se consolidó como uno de los principales instrumentos para ejecutar una política migratoria más estricta mediante operativos destinados a localizar, detener y deportar inmigrantes en condición irregular, incluidos aquellos con órdenes definitivas de deportación y, en determinados casos, personas sin antecedentes penales.

La estrategia también estuvo acompañada por una mayor coordinación con otras agencias federales, el fortalecimiento de los controles en la frontera sur, el incremento de las inspecciones en centros de trabajo, la ampliación de la capacidad de los centros de detención migratoria y acuerdos con autoridades estatales y locales para reforzar el control migratorio.

Dentro de ese discurso, la migración deja de ser presentada únicamente como un fenómeno humanitario para convertirse en un asunto de seguridad nacional.

UNA ESTRATEGIA CON RAÍCES HISTÓRICAS

En resumen, Trump adapta al escenario geopolítico del siglo XXI principios estratégicos desarrollados por varios de sus antecesores, aunque con menos protocolos diplomáticos y una postura mucho más confrontacional.

Aunque mantiene diferencias con varios miembros de la OTAN, sus principales objetivos geopolíticos continúan siendo China, Rusia e Irán.

Su accionar puede interpretarse como una actualización del pensamiento estratégico iniciado por Thomas Jefferson y James Monroe, adaptado a la competencia global contemporánea.

La pregunta sigue abierta: ¿Donald Trump está redefiniendo la política exterior de Estados Unidos o simplemente acelera una transformación que comenzó hace décadas?

No parece que Donald Trump esté creando una política exterior completamente nueva. Más bien, retoma principios históricos del expansionismo y del liderazgo estratégico estadounidense, adaptándolos al contexto actual de competencia con China, Rusia e Irán. La diferencia radica en un discurso más confrontacional y en métodos de presión más directos que los utilizados por varios de sus predecesores.