Londres acogió este sábado una nueva edición de la marcha Unite the Kingdom, convocada por el activista británico Tommy Robinson —cuyo nombre real es Stephen Yaxley-Lennon—, que reunió a unos 60.000 manifestantes según estimaciones policiales, convirtiéndose en una de las mayores movilizaciones de este signo en la historia reciente del Reino Unido.
Entre los momentos que más impacto causaron figuró una acción simbólica en la que varias mujeres británicas se quitaron públicamente el niqab en el escenario, en un gesto interpretado por los asistentes como una reivindicación de la identidad y los valores occidentales frente a la islamización de la sociedad.
Los manifestantes portaron banderas de San Jorge y la Union Jack, y se escucharon cánticos de «¡Queremos fuera a Starmer!» y «¡Cristo es Rey!». Algunos lucían gorras rojas con el lema «Make England Great Again», en clara referencia al movimiento del presidente estadounidense Donald Trump.
Ante la multitud reunida en Parliament Square, Robinson lanzó un mensaje de movilización política de cara a las próximas elecciones. Animó a sus seguidores a ir más allá de la protesta callejera y a involucrarse en la política local antes de los próximos comicios generales previstos para 2029. «Si no mandamos un mensaje en las próximas elecciones, vamos a perder nuestro país para siempre», advirtió. También lideró cánticos de apoyo al dueño de X, Elon Musk, uno de sus aliados más conocidos a nivel internacional.
El acto contó con el testimonio de Siobhan Whyte, cuya hija Rhiannon fue asesinada por el solicitante de asilo sudanés Deng Majek durante un ataque en el hotel donde trabajaba en Walsall, en las Midlands Occidentales, en 2024. Majek fue condenado a cadena perpetua en enero.
El Gobierno británico bloqueó la entrada al país de 11 extranjeros antes de la celebración del acto. Entre los vetados figuraban el eurodiputado polaco Dominik Tarczyński y la influencer española Ada Lluch, que intervinieron a través de videoconferencia desde el exterior.
La Policía Metropolitana desplegó unos 4.000 agentes en la capital, junto a refuerzos llegados de fuera de la ciudad, en lo que las autoridades describieron como su mayor operativo de orden público en años.