Un nuevo escándalo sacude al movimiento MAGA: una de sus influencers más virales, conocida como “Emily Hart”, nunca existió. Detrás del perfil no había una activista conservadora, sino un estudiante en India que utilizó inteligencia artificial para crearla y monetizar su contenido.
La cuenta, que acumuló miles de seguidores en pocas semanas, publicaba mensajes alineados con el discurso más duro del trumpismo, incluyendo posturas proarmas, antiinmigración y religiosas. Todo era parte de una estrategia diseñada específicamente para atraer a votantes conservadores, a quienes el propio creador identificó como un público altamente leal y rentable.
El esquema fue más allá de lo político: el perfil generaba ingresos vendiendo contenido y suscripciones, logrando miles de dólares mensuales con apenas minutos de trabajo al día. La cuenta fue eliminada por fraude, pero el impacto ya estaba hecho.
El caso abre una alerta mucho más profunda dentro del Partido Republicano: la creciente influencia de figuras digitales cuya autenticidad no está verificada. Expertos advierten que la inteligencia artificial está facilitando la creación de perfiles cada vez más creíbles, capaces de influir en la opinión pública, recaudar dinero y moldear narrativas políticas sin que los usuarios lo perciban.
Más que un caso aislado, esto evidencia una debilidad estructural: el ecosistema digital de MAGA, basado en fuerte lealtad y viralidad, puede ser también más vulnerable a la manipulación.