8 de abril de 2026

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«La suerte es que estamos vivos»: los hogares que el río Lebrón dejó sin ajuares

rio Lebron
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La madrugada de este miércoles cambió todo en cuestión de minutos para decenas de familias del sector Nuevo Amanecer, en el kilómetro 18 de la autopista Duarte. Mientras dormían, el río Lebrón se desbordó por las intensas lluvias y el agua entró con fuerza a sus casas, dañando muebles, electrodomésticos y todo lo que encontraron a su paso.

Sin tiempo para sacar nada, muchos solo lograron salir con lo que llevaban puesto. Hoy, entre pérdidas materiales y casas llenas de lodo, repiten una misma idea: «la suerte es que estamos vivos«.

Marlenis García recuerda ese instante como si aún lo estuviera viviendo. «Cuando salimos, el agua nos daba aquí», dice señalando el pecho. Lleva nueve años en la zona y nunca había visto el río Lebrón desbordarse de esta manera. Esa madrugada no hubo tiempo de pensar, solo de correr. Hoy, entre lo poco que quedó, repite con serenidad: «Gracias a Dios estamos bien… tengo mis hijos conmigo».

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Marlenis García: Perdió todos sus ajuares cuando el río Lebrón inundó su vivienda en la madrugada; asegura que nunca había visto el agua subir a ese nivel en sus nueve años en la zona.

Ajuares destruidos

En otra casa, el comedor ya no es comedor. Es una mezcla de muebles volcados, abultados por el agua. Rudilania Mateo los mira sin poder tocarlos mucho. «Eran», dice, corrigiéndose a sí misma cuando le preguntan si esos son sus muebles.

Tiene tres hijos en casa y uno de ellos, el menor, de 14 años, tuvo que enviarlo donde un familiar. «No hubo tiempo a nada… cuando bajé el pie de la cama ya sentía el agua». Habla de impotencia, de un desborde que llegó sin aviso.

Eunice Ramírez la salvaron tocándole la puerta. «Salga, salga», le dijeron. Cuando abrió, el agua ya estaba en el último escalón. Vive sola desde hace poco más de un año y lo perdió casi todo: muebles, ropa, lo poco que había logrado reunir. Pero su voz no tiembla. «Hay que darle gracias a Dios porque lo importante es cuando está vivo».

Juan Severino también lo perdió todo. Afuera de su casa, con los ajuares expuestos al sol, cuenta que tuvo suerte. «Yo estaba despierto cuando empezó a entrar y pudimos salir antes de que nos agarrara eso».

Eran entre las dos y tres de la madrugada. Aunque asegura que el río había subido antes, nunca con tanta fuerza. «Dicen los que tienen más tiempo que eso ha sido después que hicieron el puente… y también había mucha basura«, comenta.

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Muebles volcados, colchones mojados y electrodomésticos inservibles quedaron esparcidos tras la inundación que arrasó con los hogares del sector Nuevo Amanecer.

Esa misma idea se repite en cada esquina que el río tocó.

La noche que cambió todo

José Luis Félix no estaba en casa cuando comenzó todo. Bajó pasada las 2:00 de la madrugada al recibir la llamada, pero ya era tarde. Enumera lo que perdió: todo se dañó: la nevera, la lavadora, la estufa… todo». Lleva muchos años viviendo allí y asegura que algo cambió en el comportamiento del río. Señala construcciones realizadas por la Caasd en la cañada cercana como posible causa. Mientras tanto, su realidad es otra: empezar de cero.

Para Yenifer de los Santos, la noche fue desconcertante. Llegó a la casa de su padre quien se encuentra en Punta Cana trabajando y ya estaba inundada. «Esto fue increíble… nadie había visto esto así», dice aún sorprendida. A ella no le entró el agua en su vivienda, pero lo que vio en la de su progenitor le bastó para entender la magnitud del desastre.

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El río Lebrón, luego de que la madrugada de este miercoles se desbordara e inundara decenas de viviendas en el sector Nuevo Amanecer.
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José Luis Félix: Encontró su vivienda completamente anegada tras ser alertado; perdió todos sus electrodomésticos y atribuye la situación a cambios en la cañada.
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Martín Minaya: Con más de 30 años en la zona, fue sorprendido por el agua mientras dormía; perdió todos sus ajuares, aunque su familia logró salir ilesa.

Cristian Martínez lo resume sin rodeos: «Aquí no quedó nada… solamente nos quedó la vida». Cuenta que salieron con el agua al pecho, que no hubo tiempo de rescatar ni un objeto, que todo desapareció en cuestión de minutos.

«Al ser la casa de plato, uno no sentía nada… cuando de repente, ya estábamos dentro del agua todo el mundo».

Martín Minaya, con más de treinta años en la zona, también fue sorprendido durmiendo. Cuando despertó, el agua ya le daba por las rodillas. «Se dañó todo», repite. En su casa viven cinco personas. Todas salieron ilesas.

El barrio entero comparte el mismo paisaje: colchones al sol, neveras inservibles, ropa acumulada en sacos y miradas cansadas. Ahora, entre el lodo y los escombros, las familias de Nuevo Amanecer piden ayuda.