Dentro de pocos años, la República Dominicana enfrentará uno de los mayores conflictos sociales de su historia moderna. No se trata de una crisis bancaria ni de una recesión económica. Se trata de algo más profundo: la frustración de millones de trabajadores que descubrirán que el dinero que ahorraron durante toda su vida para su retiro nunca estuvo realmente en sus manos.
Ese problema tiene nombre y apellido: el diseño actual del sistema de pensiones establecido por la Ley No. 87-01 que crea el Sistema Dominicano de Seguridad Social.
Durante más de dos décadas, el país ha promovido el sistema de capitalización individual como la solución moderna para garantizar una vejez digna. Bajo esa narrativa, los trabajadores aportan una parte de su salario cada mes a una cuenta personal administrada por una AFP, con la expectativa de que ese dinero se acumule, genere rendimientos y financie una pensión suficiente al momento del retiro.
La realidad que hoy comienza a revelarse es radicalmente distinta. Mi propio caso personal ilustra con crudeza la dimensión del problema. A pocas semanas de cumplir 55 años, decidí solicitar información formal sobre las opciones de retiro disponibles con el fondo acumulado en mi cuenta de capitalización individual, que asciende aproximadamente a RD$ 11 millones.
Cualquier análisis financiero básico indica que un capital de esa magnitud, invertido en el mercado dominicano a las tasas actuales entre 9 % y 10 % anual puede generar entre RD$ 80,000 y RD$ 90,000 mensuales solo en intereses, sin tocar el capital.
Sin embargo, la pensión que el sistema propone mi AFP es de apenas RD$ 54,000 mensuales. Es decir, mucho menos de lo que ese mismo dinero produciría si el trabajador pudiera administrarlo directamente.
PERO LO VERDADERAMENTE ALARMANTE es lo que ocurre detrás de ese cálculo. Cuando se consulta con detalle el mecanismo de pago, se descubre que esa pensión no proviene exclusivamente del rendimiento del fondo. En realidad, el sistema va descontando parte del capital acumulado del propio trabajador para financiar la pensión que le paga.
En otras palabras, el afiliado se está pagando su propia pensión con su propio dinero hasta agotar los 11 millones, mientras el capital que acumulé quedará para siempre en las manos de la AFP a la cual pertenezco.
Esto significa que el trabajador dominicano NO tiene derecho al dinero que acumuló durante décadas, NI tampoco tendrá la posesión real de ese capital, al menos que tenga una enfermedad terminal, o muera y si a la AFP le da el deseo entregar ese dinero a los herederos legítimos.
El problema se vuelve aún más preocupante y ABUSIVO cuando se analiza la opción de renta vitalicia ofrecida por aseguradoras.
En ese modelo, la pensión inicial podría rondar los RD$ 72,000 mensuales, pero con una cláusula que establece que después de diez años el monto se reduce prácticamente a la mitad, cayendo a unos RD$ 36,000 mensuales.