Francisco del Rosario Sánchez (Santo Domingo, 9 de marzo de 1817 – San Juan de la Maguana, 4 de julio de 1861), fue un abogado, militar y político dominicano. Es considerado, junto a Juan Pablo Duarte Díez y Ramón Matías Mella Castillo, como uno de los Padres de la Patria de la República Dominicana.
Tras el exilio de Duarte, Sánchez asumió el liderazgo del movimiento independentista, manteniendo correspondencia con él a través de sus familiares. Bajo su dirección, los dominicanos proclamaron la independencia el 27 de febrero de 1844, separándose de Haití. Aunque dirigió la Proclamación en ausencia de Duarte, no asumió la presidencia interina del país, que recayó en Tomás Bobadilla como líder de la Junta Central Gubernativa. Sin embargo, sus ideas de un estado plenamente independiente encontraron una fuerte en oposición dentro del nuevo gobierno, especialmente por parte del sector conservador liderado por Pedro Santana.
Debido a su firme compromiso con la soberanía nacional, Sánchez sufrió persecución política, encarcelamiento, confiscación de sus bienes y exilio en varias islas del Caribe. En 1861, sus temores sobre la pérdida de la independencia se hicieron realidad cuando Pedro Santana lideró la anexión de la República Dominicana a España. Ante esta situación, Sánchez regresó al país para organizar una resistencia armada contra la anexión. Sin embargo, fue capturado por las fuerzas leales a Santana y ejecutado el 4 de julio de 1861 en San Juan de la Maguana.
Su muerte generó indignación entre los sectores que rechazaban la anexión y contribuyó a fortalecer el sentimiento patriótico que, dos años después, daría inicio a la Guerra de la Restauración (1863-1865), un movimiento independentista que culminó con la restauración de la soberanía dominicana en 1865.
Origen familiar
Primeros años
Artículo principal: España Boba
Sánchez nació el 9 de marzo de 1817 en la ciudad de Santo Domingo, durante el periodo de 12 años bastante conocido por los dominicanos como «España boba». Este período estuvo plagado de una crisis tanto económica como cultural, en vista del momento en el que Juan Sánchez Ramírez consiguió que la «Junta de Bondillo» a finales de 1808 decidiera volver a ser posesión española tras vencer al gobernador Jean-Louis Ferrand en la batalla de Palo Hincado, quien aplicó el Tratado de Basilea en 1804, mediante el cual España previamente cedió la parte este de la isla a Francia en 1795. España estaba bajo la invasión napoleónica, lo que impidió cumplir con los requerimientos de la colonia reconquistada.
Era hijo de Olaya del Rosario Belén (1791-1849), una mujer blanca en apariencia, hija de criollos procedentes de la villa de San Carlos y con posibles antepasados canarios. Está, a su vez, clasificada en el acta bautismal de su hijo como «parda libre», lo que confirma su origen mixto. Su padre fue Narciso Sánchez Ramona (1789-1869), de tez negra, que descendía mayoritariamente de esclavos. Por su diferente condición racial y socioeconómica (siendo la de su esposa Olaya, superior a la de él), tuvieron que casarse tras una autorización especial del alcalde de la ciudad.
Narciso heredó de su padre, Fernando Sánchez, la ocupación de administrador de hatos en la región este del país, donde se concentraba la producción ganadera. Este trabajo lo situaba en un punto intermedio entre los mundos urbano y rural, una posición común en aquella época. Muchos propietarios de hatos preferían residir en las ciudades y delegaban las labores administrativas a encargados. Tal fue el caso de Fernando Sánchez, quien, aunque vivía en Santo Domingo, pasaba gran parte de su tiempo inmerso en la vida montaraz de la ganadería.
Posteriormente, Fernando Sánchez adoptó la profesión de tablajero o comerciante de carnes, logrando cierto ascenso social. Según el historiador Ramón Lugo Lovatón, este progreso se debió a las relaciones que estableció con la clase blanca durante su trabajo como administrador de hatos. Esto permitió que su hijo Narciso accediera a un nivel educativo razonable para la época, aunque la familia no contaba con fortuna, como se evidencia en el testamento de Fernando Sánchez, donde se aclara que ni él ni su esposa aportaron bienes al matrimonio.
Con el tiempo, Fernando Sánchez mejoró su posición económica gracias a un terreno cercano a Los Alcarrizos que le fue donado por un amigo. Este predio se convirtió en un pequeño hato, situado cerca de los hermanos Pedro y Ramón Santana. Narciso tuvo once hermanos y hermanas, y su apellido definitivo fue Sánchez.
El padre de Narciso mantenía una postura pro-española, influenciada por los daños que los haitianos, desde 1801, habían causado a la ganadería y a sus propietarios, mayoritariamente blancos de la sociedad colonial. Esta diferencia política entre padre e hijo refleja el cambio de mentalidad que caracterizó a los jóvenes liberales fundadores de La Trinitaria.
Por su parte, la madre de Narciso era peluquera y fabricaba peines de concha de carey, desempeñando el oficio conocido en la época como «peinetero en concha».
La educación inicial de Francisco del Rosario Sánchez estuvo a cargo de su madre y de su tía, María Trinidad Sánchez. Desde temprana edad, mostró interés por las artes, aprendiendo a tocar varios instrumentos musicales junto con algunos de sus hermanos. Posteriormente, estudió inglés bajo la guía del maestro Mr. Groot y filosofía y latín con Nicolás Lugo. Además de la instrucción recibida en su entorno familiar, Sánchez fue un autodidacta, característica compartida con muchos de sus contemporáneos, ya que en ese periodo el país carecía de instituciones de educación superior.
Sánchez se formó también con el sacerdote peruano Gaspar Hernández, quien organizó un seminario de filosofía en el convento de Regina Angelorum. Esta influencia fue determinante en su desarrollo intelectual y en su compromiso patriótico. La cultura ocupó un lugar central en su vida, destacándose por su dedicación a la lectura de la Biblia y de autores clásicos griegos y romanos.
En algún momento, al igual que su madre, trabajó como peinetero en concha, fabricando peines de carey, un oficio común en la época. Además, acompañaba a su padre en las visitas a las propiedades ganaderas que este administraba cerca de Santo Domingo. Estas experiencias le permitieron relacionarse con personas de diversos estratos sociales, una interacción facilitada por las dinámicas sociales de su tiempo.
Sánchez era reconocido por su fino sentido del humor y su característica sonrisa, que solía estar siempre presente. Entre sus habilidades, destacaban la ejecución de varios instrumentos musicales, la declamación de poesía y su dominio de varios idiomas, incluyendo latín, inglés y francés.
Casamientos

Francisco del Rosario Sánchez tuvo hijos con diversas mujeres, siendo la primera Felícita Martínez, con quien procreó a Mónica Sánchez Martínez, quien nació el 30 de enero de 1838. Algunos años más tarde, procreó con María Evarista Hinojosa a María Gregoria (Goyita), quien nació el 28 de noviembre de 1841. Goyita tuvo una hija llamada Mercedes Laura Sánchez. En Curazao, Sánchez procreó con Leoncia Leydes Rodríguez (n. 15 de septiembre de 1846/47), natural de Curazao, una hija a la que llamaron Leoncia Sánchez. Esta, a su vez, tuvo dos hijas: Emilia Mercedes y Manuela Dolores Sánchez. Con Mercedes Pembrén Chevalier procreó Sánchez a Petronila Sánchez Pembrén, quien nació el 22 de febrero de 1852, quien casó con León Güilamo, procrearon más tarde a Mercedes, Rafaela, Micaela, Alicia, León y Asunción Güilamo Sánchez.
A raíz del fallecimiento de su madre Olaya del Rosario, decide contraer matrimonio con Balbina de Peña, hija de Luciano de Peña y Petronila Pérez, el 4 de abril de 1849, frente a los testigos Román Bidó, Ministro de Justicia; Jacinto de la Concha y Pedro Pina. De esta unión nació Juan Francisco (n. 3 de abril de 1852) y a Manuel de Jesús, (n. 16 de febrero de 1854), quien murió joven. Balbina de Peña murió a la edad de 70 años el 26 de abril de 1895.]El único hijo sobreviviente del hogar Sánchez Peña fue Juan Francisco (Papi) Sánchez Peña, quien ostentó el grado de General, fue Ministro de Hacienda del presidente Ulises Heureaux y formó parte del gabinete de gobierno del Presidente Morales Languasco. Juan Francisco Sánchez Peña procreó así con Caridad Fernández Soñé, nieta del independentista Francisco Soñé, a dos hijos llamados José y Carlos. A pesar de Juan Francisco haberlos reconocido, debido a problemas familiares relacionados con su madre, ninguno de los dos usaron el apellido Sánchez durante la mayor parte de sus vidas. En el caso de Carlos Fernández, es probable que lo haya adoptado como segundo apellido más tarde. Se casó después con Eudocia Maggiolo, los cuales procrearon a Francisco del Rosario, Filomena, Fernando Arturo, María, Flérida y Manuel A. Sánchez Maggiolo. Posteriormente casó con su sobrina Emilia Mercedes Sánchez, con quien procreó a Manuel Antonio Francisco, María Patria, Manuel Emilio, Héctor, Carlos Augusto, Emilia, Marina Altagracia, y Juan Francisco Sánchez y Sánchez.
De esta generación de nietos del Padre de la Patria fueron varios lo que se destacaron en la vida nacional. Carlos Augusto Sánchez y Sánchez fue un ilustre jurista, diplomático, historiador y crítico literario. Su hermano Juan Francisco (Tongo) Sánchez y Sánchez, un notable catedrático dominicano, dedicado principalmente al estudio de la filosofía, y pianista autodidacta. Con sus notas amenizaba usualmente las peñas y tertulias de las cuales fue ferviente entusiasta. Del lado de su nieto José Fernández, este se casó con Juana Roselia Brea Sánchez, descendiente lejana del conquistador español Rodrigo de Bastidas y el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo. De esta forma tuvieron como uno de sus hijos al escritor, doctor y más tarde profesor de historia en la UASD, José Aníbal Sánchez-Fernández (nacido originalmente como José Aníbal Fernández Brea). Este terminaría adoptando el «Sánchez» como apellido principal debido a un decreto emitido por Rafael Leónidas Trujillo el cual dictaba que todo los descendientes del patricio se cambiaran su apellido principal, en caso de que no lo tuviesen, por el de su distinguido ancestro. Durante la década de 1980, terminaría involucrándose en un debate con el historiador y más tarde presidente de la Academia Dominicana de la Historia, Juan Daniel Balcácer, sobre el accionar de varias figuras nacionales, incluido su bisabuelo. José Aníbal a su vez fue padre del famoso poeta, intelectual, narrador, ensayista, profesor, articulista y publicitario dominicano, Enriquillo Sánchez Mulet.
Ascenso al liderazgo
Reclutamiento para La Trinitaria
Artículo principal: La Trinitaria
Un día, mientras asistía a clases de filosofía, se le acercó un compañero, Juan Pablo Duarte, quien inmediatamente quedó intrigado por el nivel intelectual de Sánchez. En 1838, Duarte fundó el movimiento La Trinitaria, una organización nacionalista que pretende traer libertad al pueblo dominicano. El objetivo principal de este movimiento era no sólo derrocar el dominio haitiano de Santo Domingo, sino también establecer un estado independiente libre de poder extranjero. Al ver a Sánchez como un candidato perfecto a la membresía, Duarte no lo pensó dos veces antes de reclutarlo. Sánchez había viajado a Estados Unidos y Europa cuando era joven. Su visión de la causa era el objetivo republicano típico del Siglo de las Luces. Con su contratación, Sánchez no tardó en destacar por su laboriosidad y determinación. Poco a poco fue ganando una posición de liderazgo en la organización, convirtiéndose en una figura fundamental en el trabajo diario para alcanzar los objetivos que le dieron origen. Con el tiempo, no sólo demostraría ser un activo vital para la causa, sino que también le permitiría ganarse la confianza de Duarte en él, depositando su plena confianza en el joven revolucionario. La importancia de Sánchez se ve en que fue uno de los que encabezaron el derrocamiento de las autoridades haitianas de Santo Domingo designadas por Jean Pierre Boyer, depuestas a finales de marzo de 1843 por el movimiento denominado La Reforma. Pronto, los trinitarios y los liberales haitianos tomaron caminos divergentes, ya que los primeros formularon el objetivo de independizarse de Haití.
Al notar el auge de las ideas independentistas entre los dominicanos, el presidente haitiano Charles Rivière-Hérard, quien llegó al poder tras el triunfo de La Reforma, decidió realizar una intimidante visita a la excolonia española de Santo Domingo, conocida por los haitianos como “Partie de L’Est (Parte Este)». Duarte y varios de sus compañeros, entre los que se encontraba Sánchez, se escondieron. Los haitianos desataron una tenaz persecución de los prófugos y Duarte, Juan Isidro Pérez y Pedro Alejandro Pina abandonaron el país el 2 de agosto de 1843. Sánchez no pudo hacerlo por encontrarse enfermo, circunstancia que aprovechó para dirigir las tareas conspirativas, sustituyendo prácticamente a Duarte. Obtuvo el apoyo de familiares de algunos de sus compañeros de La Trinitaria, lo que le permitió permanecer oculto por más de siete meses, ya que en todo momento rechazó la posibilidad de salir del país. Para actuar con menos dificultades difundió el rumor de que había muerto y había sido enterrado en secreto en el pequeño cementerio de la iglesia del Carmen.
Líder sustituto de Duarte

El exilio de Juan Pablo Duarte tuvo lugar en la última y más crucial etapa de la lucha. Pero fue cuando Duarte estuvo exiliado y escondido en Venezuela que Sánchez se convirtió en la presencia central de la revuelta dominicana. En 1843, cuando Duarte se exilió en Curazao por temor a ser asesinado o encarcelado por las autoridades haitianas, Sánchez, que entonces tenía 25 años, asumió el liderazgo del movimiento independentista La Trinitaria, donde presidió las reuniones del grupo y amplió los contactos con representantes del sector social más importante de la ciudad, con la colaboración del consocio Ramón Matías Mella.
La labor revolucionaria de Sánchez fue intensa. Originalmente pretendía consumar la independencia a finales de 1843 sólo con las fuerzas trinitarias. El objetivo era un levantamiento a finales de 1843, para lo cual envió una carta a Juan Pablo Duarte, que también firmó Vicente Celestino, fechada el 15 de noviembre de 1843. Sánchez y Vicente Celestino le pidieron a Juan Pablo que llegara por la costa de Guayacanes para ponerse al frente de la insurrección, y tratar de traer armas. La carta retrata la situación por la que atravesaban y los esfuerzos por la independencia:
Juan Pablo:
Con el señor José Ramón Chaves Hernández le escribimos el día 18 de noviembre, imponiéndole el estado político de esta ciudad y las necesidades que tenemos de que usted ayude para el triunfo de nuestra causa. Ahora aprovechamos la oportunidad del señor Buenaventura Freites para repetirles lo que les contamos en los demás por si no hubieran llegado a sus manos.
Después de su partida, todas las circunstancias han sido favorables, de modo que sólo nos faltaba una combinación para haber dado el golpe. A la fecha el negocio se encuentra en el mismo estado en que lo dejasteis: por lo que os pedimos, aun a costa de una estrella del cielo, los siguientes efectos: dos mil o mil o quinientos fusiles, por lo menos: cuatro mil cartuchos, doscientos o trescientos pesos de plomo; quinientas lanzas o lo que puedas conseguir, los utensilios de guerra que puedas.
De dinero, tú sabes más que nadie lo que puede necesitar; En conclusión lo imprescindible es la ayuda, por pequeña que sea, ya que ésta es la opinión de la mayoría de los acéfalos. Hecho esto, deberás dirigirte al puerto de Guayacanes, siempre con la preocupación de estar un poco alejado de tierra, como una o dos millas, hasta que seas avisado, o señalado, para lo cual colocarás un gallardete blanco si es luz del día y una linterna sobre el palo mayor si fuera de noche.
Una vez determinado todo esto, trataréis, si es posible, de comunicarlo a Santo Domingo para que vaya a esperar en la costa el día 9 de diciembre, o antes, porque hay que temer la osadía de un tercero o enemigo nuestro, estando el pueblo tan enardecido.
Ramón Mella se prepara para ir allí, aunque nos dice que va a Santo Tomás y no os conviene confiar en él, ya que es el único que nos ha vuelto a perjudicar de alguna manera por su ciega ambición e imprudencia. .
La Guardia Nacional ha sido ordenada a ejercitarse aquí, y una tarde, porque un soldado se había salido de la línea, el señor coronel Alfau lo azotó, pero escapó milagrosamente a una bayoneta y tuvo la triste decepción de ser casi atacado por todo el primer batallón y No veo nada más que su hermano Abad en su defensa.
A Juan Isidro Pérez y Pedro Pina, que reciben todas las muestras de cariño que podríamos hacer si los viéramos y que no les escribiéramos por separado por falta de tiempo.
Juan Pablo, repetimos la mayor actividad, a ver si hacemos que el mes de diciembre sea memorable para siempre.
Dios, Patria y Libertad, Francisco del Rosario Sánchez y Vicente Celestino Duarte.
De la carta se desprende claramente que Sánchez y Vicente Celestino Duarte pretendían llevar a cabo la ruptura con Haití apoyándose únicamente en el sector liberal trinitario. Así se puede entender el reproche que le hicieron a Mella y la prisa que necesitaron para evitar que sus rivales del tercero, el equipo francés, les adelantaran. Sánchez redactó un manifiesto pidiendo la independencia, que se distribuyó por todo el país, cuyo texto se ha perdido. De la información que Pedro Alejandro Pina recibió y transmitió a Duarte, en carta de 27 de noviembre de 1843, se deduce que los trinitarios se habían recuperado de la represión de Hérard y ganaban fuerza, mientras los partidarios franceses se debilitaban. Pina le dice a Duarte:
El partido duartista ha progresado, recibiendo vida y movimiento de ese excelente patriota, del moderado, fiel y valiente Sánchez al que creímos en la tumba. Ramón Contreras es un nuevo líder del partido, también duartista. La del pueblo francés se ha debilitado hasta tal punto que en ella sólo quedan Alfau y Delgado; Los demás seguidores, algunos se han sumado a los nuestros y los demás son indiferentes. El partido reinante lo espera como general en jefe, para iniciar ese gran y glorioso movimiento revolucionario, que traerá felicidad al pueblo dominicano.

Unos días después de la primera carta, a Sánchez le debió quedar claro que al sector que lideraba le resultaba imposible producir la independencia por sí solo y que, por tanto, era imperativo llegar a un acuerdo con gente de otras orientaciones. En este sentido, a finales de 1843 se reorientó hacia lograr una alianza con un sector conservador, postura que había criticado a Mella poco antes. De esta manera podemos entender lo que Pina le transmitió a Duarte, en el sentido de que algunos franceses se habían unido a los liberales. El eslabón básico de tal alianza fue Tomás Bobadilla, un abogado que ocupó cargos en la administración pública desde la época de España Boba y que había colaborado con el régimen haitiano. Bobadilla, al igual que otras figuras de prestigio social, entendió que la crisis en la que luchaban los grupos gobernantes de Haití había creado las condiciones para derrocar su gobierno. Por razones accidentales, Bobadilla no había llegado a acuerdos con Buenaventura Báez, figura dominante entre los representantes dominicanos en la Asamblea Constituyente de la capital haitiana, quien entabló negociaciones secretas con el cónsul general de Francia, Emile de Levasseur, para que el proyecto dominicano La república se constituiría como un protectorado de Francia. Se suponía que tal proyecto se materializaría mediante el nombramiento de un gobernador francés por 10 años renovables, la transferencia de Samaná y la cooperación con Francia en la reconquista de Haití.
Liberales y conservadores eran conscientes de sus debilidades y de la importancia de una alianza, pero los intentos realizados terminaron en fracaso. Mientras Duarte aún estaba en el país se sostuvieron reuniones en las que quedó claro que las diferencias eran insalvables. Correspondió a Sánchez romper esta animosidad mutua, siguiendo los pasos iniciados por Mella, cuando se convenció de que el sector trinitario que encabezaba no podía declarar la independencia por sí solo. Aunque la participación conservadora fue crucial para que se materializara el 27 de febrero, todo el trabajo estuvo dirigido por Sánchez y sus compañeros trinitarios, que tenían mayor capacidad de iniciativa que el grupo afrancesado. Esta primacía facilitó que los Trinitarios se mantuvieran compactos en torno a Sánchez.
Acta de Independencia Dominicana
A partir de esta alianza se elaboró un documento en el que ambas partes pedían la creación de la República Dominicana. El documento se titula “Manifiesto de los pueblos de la Parte Oriental de la antigua Isla Española o de Santo Domingo, sobre las causas de su separación de la República de Haití” y es conocido simplificadamente como «Manifiesto del 16 de enero» por la fecha en que se publicó. Fue leído por primera vez. Se hicieron cuatro ejemplares, uno quedó en Santo Domingo y los otros tres fueron enviados a las principales regiones del país: Juan Evangelista Jiménez lo llevó al Cibao, al sur Gabino Puello y al oriente Juan Contreras. El Manifiesto del 16 de enero fue una respuesta al elaborado por Buenaventura Báez el 1 de enero del mismo año, en el que pedía la creación de la República Dominicana como protectorado de Francia. El primero, en cambio, expresaba claramente el propósito de establecer un estado plenamente soberano, aunque no mencionaba el término independencia sino el de separación. Aun así, no hay indicios de enfoques proteccionistas que mediarían en la autonomía nacional. La difusión secreta del texto acabó creando las condiciones para el derrocamiento del régimen haitiano.
En uno de los párrafos del manifiesto, Sánchez denota su firme decisión de alcanzar el objetivo contenido en el juramento trinitario:
Creemos haber demostrado con heroica constancia, que los males de un gobierno deben sufrirse mientras sean soportables, antes que hacer justicia aboliendo formas; pero cuando una larga serie de injusticias, violaciones e insultos, continuados hacia el mismo fin, denotan el designio de reducirlo todo al despotismo y a la más obsoleta tiranía, es derecho sagrado de los pueblos y su deber sacudirse el yugo de tal gobierno y proporcionar nuevas garantías que aseguren su estabilidad y prosperidad futuras y agrega: «Hace veintidós años, el pueblo dominicano, a través de una de esas fatalidades del destino, está sufriendo la opresión más ignominiosa…
El manifiesto, ya unificado por la alianza hecha entre liberales y conservadores, cambió la palabra independencia por separación, culminando con estas palabras:
¡A la unión dominicana! Como se nos presenta el momento oportuno desde Neiba hasta Samaná, desde Azua hasta Montecristi, las opiniones coinciden y no hay dominicano que no exclame con entusiasmo: Separación, Dios, Patria y Libertad.
Reunidos en casa de Sánchez, el 24 de febrero, los miembros de La Trinitaria discutieron sobre los planes del levantamiento, que acordaron que se fijaría para el 27 de febrero de 1844. Un día después, los rebeldes fueron enviados a varios puntos del país para con el fin de finalizar los acuerdos tomados durante la reunión. Además de Sánchez y Mella, a esa reunión asistieron Vicente Celestino Duarte, José Joaquín Puello, los de La Concha (Jacinto y Tomás), Juan Alejandro Acosta y muchos otros. A propuesta de algunos de sus compañeros, entre los que se encontraban Félix Mercenario, Manuel María Valverde, Manuel Jiménez y Mariano Echavarría, se acordó que Sánchez presidiera la Junta de Gobierno que debía dirigir los destinos de la naciente república.
En los días anteriores se había logrado el compromiso de los oficiales de los regimientos 31 y 32, así como de la guarnición de la ciudad. Por ejemplo, Manuel Jimenes obtuvo el apoyo de Martín Girón, oficial encargado de la Puerta del Conde. El plan establecía que una parte de los conspiradores se reunirían en la Puerta de la Misericordia y desde allí confluirían con otros que se dirigirían a la Puerta del Conde, como punto de encuentro para asumir el control de la ciudad y tomar la Fortaleza Ozama. Testimonios indican que muchos de los comprometidos no se presentaron a la hora prevista, alrededor de la medianoche del día 27.
Proclamación de la independencia dominicana
La noche del 27 de febrero de 1844, Sánchez y sus hombres tomaron la Fortaleza Ozama en la capital de Santo Domingo. La guarnición haitiana estacionada en la ciudad fue sorprendida, aparentemente traicionada por uno de sus centinelas, y se vio obligada a huir del lugar. Tras esto, Sánchez marchó hasta la punta de la Puerta Del Conde. Mella, que acababa de llegar a la ciudad, disparó su legendario trabuco al aire, y en ese momento, Sánchez izó por primera vez la histórica bandera tricolor independiente dominicana de 1844, gritando a todo pulmón la consigna nacional (Dios, Patria y Libertad), proclamando al mundo el nacimiento de la nueva nación independiente: La República Dominicana. Había nacido una nueva entidad política, ahora libre de dominio extranjero, en la forma de un gobierno republicano y democrático. Sánchez tenía apenas 26 años cuando esto ocurrió.