31 de enero de 2026

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El SECRETO OSCURO y OCULTO de Ramiro Valdés | ¿Por qué FIDEL nunca se atrevió a TOCARLO?

FIDEL
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El 14 de julio de 2021, en la calurosa Palma Soriano, Santiago de Cuba, una escena que muchos pensaron nunca sucedería se desarrollaba frente a cientos de personas. El sol castigaba con furia el asfalto a 38°C, pero en el aire pesado de ese día no había sombra, solo polvo, sudor y rabia. Una Toyota Land Cruiser negra se detuvo frente a la multitud. De su interior, salió un hombre de 89 años, impecablemente vestido con un uniforme verde oliva, el cual parecía estar perfectamente planchado, con botas lustradas y una postura militar que reflejaba autoridad. Ramiro Valdés Menéndez, el hombre que durante 62 años había sido una de las figuras más temidas de Cuba, caminaba como si estuviera aún al mando de su poder.

Pero algo era diferente. La multitud no retrocedió. Nadie bajó la mirada. Al contrario, se acercaron a él, y con cada paso más cerca, se fue generando un susurro que rápidamente se transformó en un grito ensordecedor. «¡Asesino! ¡Asesino! ¡Asesino!» Las voces de cientos de cubanos, desbordadas por décadas de silencio y sufrimiento, retumbaban en el aire. Fue una explosión de ira contenida durante años: las familias rotas, los torturados, las vidas perdidas, todo en una sola palabra que atravesó el calor del día como una bala.

Ramiro, el hombre que una vez hizo callar a Cuba con su presencia, se encontró en ese instante, por primera vez, frente a la furia de un pueblo que ya no temía. Los guardaespaldas lo rodearon rápidamente y lo empujaron de vuelta hacia el vehículo. Aceleraron y se fueron, pero ese momento quedó grabado para siempre. El hombre que había sido un símbolo del poder, el temido comandante de las operaciones más oscuras, huía de su propio pueblo. Miró a la multitud mientras subía al carro, pero en sus ojos no había orgullo. En sus ojos había algo mucho más inquietante: el peso de todos los secretos que había acumulado a lo largo de los años.

Ramiro Valdés, el hombre detrás de los campos de concentración, las torturas y las ejecuciones, el hombre que diseñó el sistema de represión más temido de Cuba, ya no era el mismo. El poder absoluto que había ejercido con mano de hierro durante seis décadas comenzaba a desmoronarse. Pero antes de llegar a este punto, debemos entender cómo llegó hasta aquí, cómo un hombre de la pobreza más absoluta, con un hambre desesperada de poder, se convirtió en uno de los arquitectos del terror en Cuba.

Nació el 28 de abril de 1932, en un barrio de Artemisa, La Matilde, donde las calles eran de barro y las casas de cartón y zinc. Su madre, una mujer que luchaba todos los días para sacar a sus cinco hijos adelante, trabajaba de sol a sol, lavando y planchando la ropa ajena. Cada noche, destrozada por el trabajo, planchaba con luz de vela el único uniforme escolar de sus hijos. En esa miseria, Ramiro vio el mundo dividirse en dos: los que tienen poder y los que sufren. Y juró, con una furia silenciosa, que nunca más sería uno de los que sufren.

A los 21 años, conoció a Fidel Castro, y el encuentro de sus ambiciones fue inmediato. Fidel, el mesiánico revolucionario, y Ramiro, el frío calculador que no dudaba en usar su brutalidad para alcanzar el poder. En 1953, Ramiro estaba en la primera fila del ataque al Cuartel Moncada. A pesar de ser capturado y condenado, no lloró, no suplicó. Miró a sus captores a los ojos, y en su silencio, ya se forjaba la figura que sería temida por todos en Cuba.

En 1959, cuando la revolución triunfó, Ramiro Valdés ya no era solo un comandante, era uno de los hombres más poderosos del régimen…