octubre 19, 2020

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Así es la vida de alias ‘Otoniel’, el hombre más buscado de Colombia

Dairo Antonio Úsuga David, conocido como ‘Otoniel’, a sus 48 años, es en este momento el narcotraficante más buscado de Colombia. Su poder dentro de las organizaciones criminales del país es tan grande que incluso el Gobierno de Estados Unidos ofrece una recompensa de cinco millones de dólares, que permita su captura.

Otoniel es la cabeza visible de la red criminal conocida como el ‘Clan del Golfo’ que estaría detrás del envío de toneladas de droga hacia Centro y Norteamérica a través del golfo de Urabá, zona de conflicto históricamente ligada al tráfico de estupefacientes.

Úsuga David, de acuerdo con las autoridades policiales, tiene al menos 120 procesos abiertos por múltiples crímenes y una circular roja emitida por Interpol por homicidio múltiple agravado, secuestro múltiple agravado y concierto para delinquir.

El Tiempo recoge un informe de la Policía Nacional que da detalles de cómo vive y se mueve el hombre más buscado del país. Este archivo es la clave de la operación sostenida denominada Agamenón, que busca la captura o muerte de este cabecilla criminal.

La información de inteligencia reveló que alias Otoniel sigue viviendo en territorio nacional, a pesar de que se ha especulado que podría estar en Venezuela u otro país fronterizo, y que el nudo de Paramillo es su zona de influencia.

Dairo Antonio Úsuga David se mueve constantemente entre la zona rural del municipio de Ituango, Mutatá, Chigorodó y Carepa, que limitan con Tierralta, Montelíbano y Puerto Libertador, en Córdoba

“Su grupo de seguridad ha adecuado muebles rústicos —construidos en madera y paja— donde pernocta en lugares aislados. Está en el mismo punto entre dos y cinco días máximo para evitar ser ubicado por la Fuerza Pública”, describe el documento de inteligencia.

Su poder dentro del ‘clan del Golfo’ no ha disminuido, pues mantiene el control total de la organización y gracias a esto es cuidado por 20 hombre, pertenecientes a su primer anillo de seguridad.

El documento revela que al menos 200 hombres armados serían los que hacen presencia en los diferentes campamentos móviles ubicados en el nudo de Paramillo, para cuidar y cumplir los caprichos de su líder.

A estos campamentos llegan prostitutas contratadas por los guardias de ‘Otoniel’, para prestar sus servicios sexuales al narco. Las mujeres reciben grandes sumas de dinero en efectivo para que guarden silencio sobre el paradero del narcotraficante.

El informe también revela que ‘Otoniel’ sufre de presión alta y diabetes, por lo que contrata médicos a los que les paga “muy bien” y amenaza para que no revelen su ubicación. Además, le están tratando un problema en los riñones debido a los largos viajes en mula.

Para poder manejar los hilos de la poderosa red de narcotráfico, Úsuga David cuenta con un servicio de correo humanos, que usa para no ser interceptado por los organismos de inteligencia, que lo buscan hace más de tres años.

Los encargados de llevar estos mensajes cargan con memorias USB y grabadoras de voz desde los que ‘Otoniel’ dicta sus órdenes, pues su voz es la clave de la veracidad del mensaje para su círculo cercano.

Los hombres encargados de la seguridad de ‘Otoniel’ pagan todo en efectivo y el dinero viene directamente de las oficinas de cobro que mantienen en Medellín y Bogotá. Además, están utilizando el llamado token, “el pago mediante mercancía de contrabando que ingresa al país por diferentes lugares”.

Otro detalle importante que revela este documento es que el comando especial Los Lobos de la Policía estuvo a punto de capturar a ‘Otoniel’ hace seis meses. De acuerdo con el relato, los uniformados vieron una embarcación que movilizaba siete personas, una de ellas con pasamontañas.

Al llegar al punto de desembarque los ocupantes empezaron a descender y El hombre del pasamontañas se lo retiró y quedó al descubierto la cara del capo.

Los 10 policías que vieron el acto estuvieron listos para avanzar a la captura, pero se percataron que al menos 70 hombres, con armas de largo alcance, llegaron a custodiar la cabaña, por lo que tuvieron que retirarse.

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