7 de diciembre de 2021

controlandoelejido.com

Tu Portal digital dominicano en new york

Thanksgiving: La historia del pie de calabaza y por qué se relaciona con la abolición de la esclavitud en Estados Unidos

Lo sentimos mucho por nuestras amadas manzanas, pero la calabaza es el verdadero y más tradicional ingrediente de tarta americana casera. Como todos los años, el cuarto jueves del mes de noviembre se celebra la esperada cena de Thenksgiving y el frenesí por los platillos tradicionales se hace más presente que nunca. Uno de los favoritos de todos los tiempos es el pastel de calabaza. De hecho, no es ninguna casualidad que en el período previo a las vacaciones de Acción de Gracias, las ventas de calabaza aumenten a pasos agigantados. Después de todo, es una de las tradiciones más arraigadas en la cultura estadounidense. Pero no siempre fue así. El pastel de calabaza de Acción de Gracias es ahora un símbolo de dulce unidad nacional, sin embargo alguna vez fue un campo de batalla muy disputado en la guerra cultural original de Estados Unidos. En el siglo XIX, la humilde calabaza se convirtió en un tótem de la lucha para abolir la esclavitud en Estados Unidos.

De acuerdo con referencias de la historiadora culinaria Cindy Ott, la historia de este icono estadounidense es bastante curiosa. A mediados del siglo XIX, comer calabazas era una cuestión de política de identidad. Y lo mismo podría decirse del propio Día de Acción de Gracias. Cuando Abraham Lincoln declaró como el día de Acción de Gracias un 4 de noviembre de 1863, fue la culminación de una larga campaña a favor del Día de Acción de Gracias de la abolicionista, amante de las calabazas e ícono de la economía doméstica Sarah Josepha Hale. Lincoln lo enmarcó como un llamado a “curar las heridas de la nación y restaurarla”, y la declaración se convirtió en una tradición anual para los presidentes estadounidenses.

Posteriormente, Sarah Josepha Hale; hizo campaña con cinco presidentes de los Estados Unidos para hacer del Día de Acción de Gracias un feriado nacional. Sin embargo, algunos en la Confederación condenaron la declaración de Acción de Gracias como una estratagema política. Aún así, la celebración de Acción de Gracias fue otro ejemplo de cómo los habitantes de Nueva Inglaterra se preocupaban por sí mismos y les decían cómo vivir. No es ninguna casualidad que a la par se liberaban ardientes títulos editoriales contra el Día de Acción de Gracias en Richmond: “Esta es una costumbre anual de ese pueblo, que hasta ahora se celebraba con devotas oblaciones de pastel de calabaza y pavo asado.”

De acuerdo con referencias de Ott, durante muchos años posteriores a la Guerra Civil muchas familias sureñas rechazaron el Día de Acción de Gracias y especialmente el pastel de calabaza como artefactos culturales de los Yankees. Esto llama la atención, considerando que las calabazas crecen bien en el sur y las recetas de pastel de calabaza o pudín existieron en la zona desde hace mucho tiempo. Inclusivo se tienen como referencia en el famoso libro de cocina de 1824 de Mary Randolph “The Virginia Housewife”.

Después de estas referencias la pregunta del millón es saber, ¿cómo consiguió el movimiento contra la esclavitud de Nueva Inglaterra la custodia exclusiva de la calabaza? La realidad es que es complicado y de cierta manera tenemos que decir que las calabazas tienen una historia abolicionista.

Las calabazas siempre fueron un extraño romance:

El tipo de calabaza de campo naranja, es un cultivo impresionantemente masivo. Sin embargo, también tienden a ser secas, fibrosas y un poco insípidas. A diferencia de otras variedades de calabaza domesticada, la calabaza de campo nunca se impuso en el mercado urbano cotidiano del siglo XIX. Contrariamente a la leyenda, no tenía ningún lugar de orgullo en la fiesta de los peregrinos de 1621, que pocos asociaron con el Día de Acción de Gracias hasta décadas después de que la fiesta se había convertido en una tradición nacional. De hecho, nadie de esa fiesta registró haber servido calabazas. Según Ott: “Si se servía, era como una guarnición sabrosa. No fue de ninguna manera una parte especial de la ocasión.”

Lo que sucedió en realidad es que la calabaza nativa era una fuente de sustento de rápido crecimiento, un alimento básico pero no un alimento querido para los primeros colonos de la costa. En el siglo XIX, los comensales cada vez más exigentes preferían calabazas de invierno y verano más sabrosas. También, se sabe que la calabaza de campo de rápido crecimiento a menudo se cultivaba en contenedores de estiércol o en medio de hileras de maíz, y se usaba como alimento para las vacas lecheras para que la leche tuviera un sabor más rico. Esto sucedía en el sur rural, que era la provincia de las granjas pobres y pequeñas, pero en el norte urbano las calabazas se convirtieron en algo que los habitantes de las ciudades solo encontraban mientras realizaban viajes saludables al campo para apreciar la naturaleza.

Esto coincidió con un cambio en la forma en que Nueva Inglaterra celebraba la antigua tradición religiosa del Día de Acción de Gracias. Después del día de ayuno, la tradición se había transformado en una celebración de la prosperidad otoñal, con un gran menú rústico sobre la mesa: en medio de arándanos y pavo, el pastel de calabaza se volvió un elemento supremo.

De hecho se cuenta con una contundente referencia escrita por un corresponsal de American Farmer en 1833: “La idea de celebrar el Día de Acción de Gracias sin un pastel de calabaza es casi insoportable.” Lo demás es historia, ya que los narradores de la época se dieron a la tarea de llenar al mundo con fantasías sobre Acción de Gracias de Nueva Inglaterra que casi invariablemente terminaban con pastel de calabaza. Otros, se enfocaron en escribir odas poéticas a la humilde calabaza.

Entre ellos se destacó el activista de Acción de Gracias, Hale. Quien fue editora del popular famosísimo Godey’s Lady’s Book y autora de la canción infantil “Mary Had a Little Lamb”, Hale fue la Martha Stewart de su época. También tenía la costumbre de escribir cartas a los gobernadores estatales en nombre del Día de Acción de Gracias. Como muchos escritores de Nueva Inglaterra que amaban el pastel de calabaza y el Día del Pavo, Hale era una voz profundamente religiosa contra la esclavitud.

Finalmente: el pastel de calabaza y el Día de Acción de Gracias eran celebraciones de una agricultura mejor y más piadosa sin la institución de la esclavitud.

La campaña de Hale para el Día de Acción de Gracias estatal había tenido un gran éxito a principios del siglo XIX, lo que ayudó a impulsar declaraciones en 29 estados en la década de 1850. Pero a medida que se intensificaba la lucha por la esclavitud y se avecinaba la Guerra Civil, los comentaristas de los estados del Sur comenzaron a rechazar cualquier agresión cultural del Norte El estado de Virginia, en particular, no quería formar parte de él.

Incluso durante décadas después de la Guerra Civil, los estados del sur se mostraron recelosos de la festividad de los Yankees. A medida que cada presidente hacía su proclamación anual de Acción de Gracias, algunos estados del sur trasladaron sus propios días de Acción de Gracias a un día diferente como una forma de resistencia. Texas se negó a reconocer la festividad por completo hasta la década de 1880. No fue sino hasta 1941 que la fecha del feriado de Acción de Gracias se consagró en la ley federal.

En cuanto al pastel de calabaza, siguió siendo un alimento mayoritariamente yanqui durante años. Podría decirse que no se extendió por completo por el sur hasta el siglo XX y con ello vino la llegada del relleno de pastel de calabaza comercializado masivamente. Lo demás es historia ya que se trata de un platillo que con el paso del tiempo se ha ido adecuando al estilo de vida de las diferentes regiones en Estados Unidos, y que hoy en día es imposible visualizar una cena de Acción de Gracias y un cálido otoño son él. Sin embargo, como puedes ver su historia tiene mucho que contar.